No había podido ver aún la exposición de Lluís Carles Pericó que hay ahora, y hasta verano, en la Galería Alejandro Sales y hoy, que ha quedado una bonita tarde, me he encaminado hacia la calle Julià Romea, no fuera a ser que perdiera el sustancioso contrato que tengo establecido con el galerista, que me obliga a hablar de tanto en tanto de algo de lo que exhibe por ahí.
La primera sorpresa es que el tamaño de los cuadros, todo y ser relativamente pequeños, no llega en
absoluto al de miniaturas que, no sé por qué, me había imaginado. La siguiente impresión ya no es de sorpresa, sino la constatación de que ir a ver la exposición no es entrar en un rico mundo, sino en varios. Se ven grupos de cuadros con técnicas y temas bastante diferentes, aunque desprendan globalmente una impresión similar, entre la placidez, la soledad y el misterio.
Son todos ellos paisajes con sus brumas, sombríos reflejos, naturaleza que envuelve ciudades con antiguas historias, extraños árboles que crecen como pueden, pero con fuerza, hacia el cielo. Nada más entrar, tres paisajes nevados, vacíos, salvo uno que, de forma algo sorpresiva, envuelve a una misteriosa ciudad. Este grupo hace juego, en cierta manera, con otro grupo, en esta ocasión de cuatro cuadros, de más allá, con los mismos temas, pero todos ellos presentados de forma más compleja. Antes, un cuadro de una casa solitaria, tres reflejos en un lago (de la vegetación invernal que todo lo domina uno, de construcciones que han sufrido el paso del tiempo los otros dos). Y así vamos pasando por diferentes tonos de verde, rojizos y marrones, por árboles, brumas, lagos, hasta extensos panoramas con amplia capa de cielo arriba, pero que deja casi sin luz lo que se divisa de la tierra. Quizás está ya anocheciendo, quizás es únicamente que estamos en invierno, igual es todo sensación mía.
Alejandro Sales me ha explicado que Pericó procede de la pintura no figurativa, y que admira a un pintor de ese mundo, Alfonso Estrada, del que me ha enseñado un libro, con sus pinturas de franjas y rectángulos de colores. Confrontadas éstas con los paisajes de Pericó, es verdad que, pese a las evidentes distancias, un cierto aire similar los hermana.
Yo recomiendo ir a verla con tranquilidad, respirando cada cuadro.