La calle Montcada rebosa de turistas y muchos de ellos, “porque toca”, entran al Museo Picasso. Enfrente suyo, una cuidadisima exposición dedicada a Keisuke Serizawa se puede recorrer sin ningún agobio… porque no hay nadie.
Ya hace un tiempo que he renunciado a memorizar los nombres que identifican las diferentes prácticas artísticas que, con tanta perfección, se cultivan en el Japón. La de Serizawa es el ‘katazome’, algo así como el teñido con plantilla.
Unos preciosos
pañuelos para envolver (“per fer farcells” en catalán: ¿no se podría decir “para hatillos”?), algo que he podido ver está a la orden del día en el Japón-, cajas de cerillas, papel para envolver regalos, calendarios, esteras y todo tipo de cosas con dibujos para estampados del artista son las que constituyen el grueso de la exposición, que también tiene obra de gente de por aquí (incluiremos a Mako Artigas entre los “de por aquí”) que de alguna forma siguen su estela.
Una pequeña -y no tan pequeña como suelen en el Museo Etnológico y de Culturas del Mundo-, espléndida exposición que puede verse en Barcelona.
Esteras, papeles para envolver regalos,…
Estas obras no son de Serizawa, sino de Mako Artigas. Entre éstas y las de Púbol, te puedes hacer una muy buena idea de la calidad de sus trabajos.
Álbum de fotografías de la familia Llorens Artigas.
Y me dejaba esta pieza de Hamada que está expuesta a la entrada de la exposición.