miércoles, 31 de julio de 2024

Una ciutat desconeguda sota la boira

En el trocito inicial que he visto de “Una ciutat desconeguda sota la boira” (MACBA), la fotografia de Jeff Wall basada en un momento de “Últimas tardes con Teresa”, de Marsé, de la que tanto se hablado por la prensa, y fotografies del belga Gilbert Fastenaekens.
Este último recorrió en 1989/90 para “Cuadernos de Arquitectura” el Besós, obteniendo unas fotos muy interesantes, pero que puedo reproducir aquí muy mal, haciendo malabarismos y deformándolas para evitar los reflejos.
Se ven mucho mejor las muy recientes (2023) en color, que se exhiben a altura humana en una tira con iluminación posterior, en una sala oscura, en las que, como prolongación de lo de hace treinta años, se ha fijado mucho más en el paisaje humano del barrio.










 

martes, 30 de julio de 2024

Bleda y Rosa en “Una ciutat desconeguda sota la boira”

Hace unos años, en el KBR -uno es lento de reflejos y le cuesta hacer suyos, entenderlos, tenerlos presentes, a los artistas de los que ha visto obra que le ha resultado más que atractiva- me fije por primera vez en el trabajo de Bleda y Rosa.
Ahí presentaban esta pareja de fotógrafos unas grandes fotografías, que eran todo sugestión: sus Campos de Batalla. Exploraban los sitios actuales por donde habían tenido lugar décadas o siglos atrás cruentas y muy famosas batallas y, en las más acertadas, la imagen de un valle, o incluso un terreno baldío, te hacía resonar en la cabeza ruidos de lanzas, sentir de repente, como un rumor de fondo, el miedo ante la muerte que ahí se avecinaba de forma inminente, cosas de este estilo.
Frente a las fotografías de Manolo Laguillo, en una vitrina alargada de la misma sala del MACBA, pueden verse también unas fotografías de Bleda y Rosa, que corresponden también al encargo de “Quaderns d’Arquitectura” que mencioné.
Un motivo más para acercarse a ver “Una ciutat desconeguda sota la boira”, la exposición ineludible sobre barrios periféricos de Barcelona.








 

Manuel Laguillo en "Una ciutat sota la boira"


Cuando los confabulados en el Proyecte Pasolini Barcelona dimos en 2014, en una exposición de fotografías del Born ya desaparecida -como quien la fundó-, con las fotografías de Sergio Dahó, las entendimos, como no podía ser de otra manera, en clave Pasoliniana, del Pasolini de Accattone y tantas otras cosas, obsesionado con las borgate, con esos territorios semi vacíos en los que no ha acabado de morir la ciudad popular antigua, pero a su lado se construye, imparable, la nueva.
Sergio Dahó, en una estancia suya en Barcelona por 1970, se había fijado en sus fotografías en todo ese terreno por el que empezaba a construirse lo que ahora llamamos la Ronda de Dalt.
Un par de décadas después, Manolo Laguillo dirigió el objetivo de su cámara al territorio por encima de esa vía, entonces en construcción. Era un encargo de “Quaderns d’Arquitectura i Urbanisme”, la revista del Colegio de Arquitectos, y las fotos resultantes te reciben ahora, en gran tamaño, ocupando una gran pared al entrar en la primera sala de “Una ciutat sota la boira”, la magnífica exposición del MACBA, que debiera ser de visita obligada para geógrafos, urbanistas y cualquier interesado en la ciudad de Barcelona.
Viendo ahora esas fotos, te das cuenta de que, en casi todas ellas, Laguillo ha primado el detalle humano, el resultado de las acciones de una gente que ha intentado humanizar, hacer suyo su rincón de esa zona en lo posible, frente a la amenaza de una ciudad hostil, que no está para esas chiquitas.


No cabía en el cuadro de la tableta el muro entero, con lo que lo amputé un poco por la derecha.

Mesa vitrina donde se exponen las revistas que publicaron las fotos.








 

viernes, 26 de julio de 2024

¿Por qué la guerra?

Como pasaba por ahí al lado, entré a ver la exposición “¿Por qué la guerra?” en El Born, Centre de Cultura i Memòria (hasta el 29 de septiembre), que va precedida de una instalación de una instalación de Francesc Torres, que creo se desmontará antes.
Vaya por delante que no entiendo mucho el leitmotiv de la exposición. Entiéndaseme bien: nunca está de más reflexionar sobre las razones por las que existen guerras y qué es lo que hace que no puedan evitarse o, una vez estalladas, pararse. Pero mezclar churras con merinas con una obra de éste por aquí, de aquella por allá, reunidos por lo que parece un tema de redacción escolar, tan amplio…
Dicho esto, unas cuantas obras de la exposición te apelan y está bien, en mi opinión, verlas. Como, no sé por qué, sólo se puede hacer fotos a la instalación de Francesc Torres, para mencionar al menos una de las obras de los demás que me han atraído me he tenido que buscar la vida por internet…


La instalación de Francesc Torres.

Isabel Banal Xifré, 2002.

Bleda y Rosa. Campos de Batalla. Alrededores de Waterloo.

Una de las pinturas recogidas por Juan Manuel Echavarría.

Alfredo Jaar. Mea Culpa, 2022. Portadas de The Economist, imitando la que dedicaron a la guerra de Ucrania, que nunca hicieron.



 

jueves, 18 de julio de 2024

Carles Santos, i ara què?

En la zona del bar, su intento de aunar comida y música, de una de sus obras, “Figasantos-Fagotrop”.

Venciendo mis temores de ir y tener que pasar por ese barrio en medio de los calores y el gentío de plena época turística, me he dicho que hoy o nunca y me he llegado a la Fundació Brossa, donde poder ver, antes de que la retiren este domingo 21, la exposición “Carles Santos, i ara què?
Luego, vencida la bofetada al dejar el fresquito aire acondicionado del bus que te aproxima, resulta que a primera hora la cosa no ha sido tan lesiva: por las calles del Born, de una configuración que les hace primar la sombra, corría un airecillo agradable, las tiendas están cerradas o abriendo (una señora barría y fregaba delante de la suya, mientras despotricaba diciendo que sólo limpian una y otra vez delante de lo de Puigdemont -quien airea, junto a Comín y Ponsati, un ostentoso local de “representación europarlamentaria”, de grandes cristales exteriores y fotografías interiores, pero aparentemente cerrado: será por el cambio de legislatura o porque ya cumple su cometido así, mientras seguimos pagando el que debe ser un sustancioso alquiler), los turistas deben levantarse tarde para reponerse del sarao nocturno o deben ir a la playa, siendo hasta graciosos los que se ven, con sus artilugios de exploradores y, lo más importante, la exposición es mucho más completa de lo que me esperaba.
Explora (la exposición, que es de entrada gratuita) desde sus inicios musicales infantiles hasta las últimas colaboraciones, ya poco antes de su muerte.
No ha pasado ni un alma -salvo una señora de hacer faenas- mientras yo he estado, satisfecho, explorándola a mis anchas, y puede resultar extraño, porque sus últimos espectáculos (la parte de sus cosas que me resultan menos atractivas) tenían muchos espectadores.
Al salir, el ambiente, en todos los sentidos, sobre todo el climatológico, ya no era lo mismo.



Y en la barra, fotografías de decorados.

Una de las performances con piano a las que Santos fue tan aficionado.

Un rincón para su mundo de Vinaroz: las redes y el puerto de su barca, la “Sargantaneta”.


Santos, pianista niño prodigio.


Una película sobre él. ¿Cuántos pianos habrá destrozado él y los que lo emularon?

Muchos vídeos, de los que está muy bien nutrida la exposición, no funcionan, pero sí éste con la representación de “Concert Irregular” en la Sala Fénix de Madrid.

Una aportación de su época más combativa que no conocía.

En Nueva York, con su primera mujer, Pepa Torregrosa.

En los monitores, “Belmonte”, él y su “Tocatico-Tocatá”, arrastrando el piano de cola con Pilar Zamora, de rojo, en su tapa (ya había pasado por las Ramblas con ellos), la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Barcelona con su música…

Su participación en las películas de Pere Portabella.

En una grabación de Esther Argay, pere z Portabella y él, con figuras antitéticas.

Vestuarios de sus últimas obras.


 

viernes, 12 de julio de 2024

Contes possibles

Anuncio con la foto… a la que le falta un trozo significativo.

Es posible que acudiera a la Virreina con demasiadas expectativas, pero lo diré aquí, pese al riego de salir apaleado: me decepcionó bastante la exposición “Cuentos posibles” que, dedicada a Jeff Wall, ocupa, sorprendentemente, toda la superficie del primer piso.
Las fotografías que han salido por los medios de comunicación son muy atractivas, y posiblemente son las que escogerías tras un recorrido por las diferentes salas, pero me llegué a preguntar si no sería también, precisamente, por lo atractivo del motivo que esas abarcan: ahí está el siempre fotogénico edificio de Mies van der Rohe, o esa habitación de un aprendiz de Diógenes…
Hay más fotografías ante las que te sacarías el sombrero, como esa que cuelgo primero, sacada del cartel de la planta baja de la Virreina. Hay que avisar que en realidad esa, con la niña bajando por esa decrépita escalera de edificio, tan frecuente en los países del antiguo bloque comunista, donde no había recursos para mantenimiento, es sólo una parte de la foto: han cortado el trozo que la eleva de categoría, pues en su izquierda aparecía, casi en primer plano, una fuente enclaustrada en una pared, a juego con las otras muestras de decrepitud, que contrastaba, en cierta manera, con la vivacidad de la chica.
Pero otras, aunque siempre presentadas por Wall dándoles vueltas y más vueltas hasta hacerlas ver como producto de un desarrollo teórico impresionante, no me han rascado mínimamente la curiosidad. Combina fotos “muy llenas, como las primeras mencionadas, con otras en las que el vacío, la casi nada, lo anodino -frecuentemente en blanco y negro, para mayor pobreza-, es lo protagonista. Pero tampoco es que parezca que se trate, pese a sus declaraciones, de un encuadre de efecto enormemente analizado, lo que me habría igualmente interesado. Quizás, entonces, la clave estaba en los cuentos posibles deducibles de ellas, pero como apenas si leí sus explicaciones, porque no me gustaba cómo inflaba todo…
Yo creía que al exponerlas como están expuestas la mayoría (película transparente, iluminada con pantalla de luz posterior, como si se tratase de un monitor de pantalla plana), se evitarían los reflejos, pero no era así. Por eso alguna la he fotografiado no frontalmente, sino en ángulo y por eso las dos mencionadas inicialmente las he sacado de internet.
Aquí cuelgo las que más me llegaron… y se dejaron.



Imposible el ángulo frontal para captarla, si no quieres tener reflejos.



Aquí he sido yo el que ha mutilado la foto. La gracia de la misma está en que la luz que se cuela en la habitación ilumina el collar que contempla ella con el rostro que lo hace. Pero esa luz también ilumina rompiendo el efecto algún trozo del sofá.
 

Sebastián Loiacono y Albert Bover

Noche de jazz, ayer, en el Byron Milano, con el saxofonista argentino Sebastián Loiacono y el pianista Albert Bover quien, habiéndolo oído e...