Hasta ayer no conocí en persona a Laura Terré, quien entre otras muchas cosas es la responsable de este año Català-Roca, el de su centenario.
Espero que se entienda mi emoción cuando vi que en la primera transparencia de su presentación sobre Francesc Català-Roca en la sede de los ingenieros aparecía el librito que le dedicamos en el Cineclub Associació d’Enginyers en 1989 (al acabar, Andreu Català, hijo del fotógrafo, también lo alabó, como primer libro dedicado a su padre) y
que en la siguiente entresacaba una frase del mismo, que le servía para enmarcar el enfoque de la conferencia.
Un enfoque, visto con cierta perspectiva,muy inteligente, pues sin olvidar que se encontraba entre un público que no tenía por qué conocer a fondo la obra de Català-Roca, no cejó de, por un lado, situar las bases de sus fotografías en el conocimiento de los retratos de Man Ray (y proyectó en ese momento un magnífico retrato que éste hizo a Paul Élouard) y, por otro, de combinar las fotografías más populares de Francesc Català-Roca con unas cuantas que, sí no eran inéditas, por lo menos yo diría que no han circulado demasiado.
Las semejanzas entre las fotografías de calle de Francesc Català-Roca de los primeros años 50 con las de Henri Cartier-Bresson, pese a que el primero no supo del segundo hasta 1955; la modernidad que suponían unas fotografías que no respetaban las reglas no escritas sobre la situación de la línea del horizonte, la necesidad de que los límites del encuadre no recorten figuras o que exigían que el primer plano fuera más relevante que el segundo, fueron de las muchas cosas tratadas por Laura Terré en su caracterización de la fotografía de Català, visualizada con muy bien escogidas fotografías de calle, de arquitectura, tauromaquia, etc. en las que fue un maestro, y que hizo que el respetable saliera boquiabierto y con ganas de ver más y más del fotógrafo.
Es por esto que se echa en falta la gran exposición retrospectiva que había de cerrar las conmemoraciones del centenario Català-Roca, que me dio la impresión que se retrasa más y más. ¿Alguien creería que en Francia se celebrase el centenario de Cartier-Bresson y no comportase la correspondiente estudiada, bien preparada, extensa gran exposición suya en, por ejemplo, el Gran Palais? Pues parece que está pasando con “nuestro HCB”.


¡1962!
Laura Terré nos hizo ver la osadía de colocar en primerísimo plano del retrato de Dalí en el Park Güell a este buen hombre de la boina.
Los libros que nos ha dejado Català-Roca
La Vía Laietana con el adoquín ocupando el 70% de la foto, y ese señor de la derecha cortado, dando aún más impresión del dinamismo de la calle.
La combinación delas tres chimeneas, que marcan el entorno, con el tiovivo.
Al margen del juego Maestro con las Luces y sombras, hay que leer los textos de los anuncios y combinarlos con la acción captada, en una nota de humor que nunca faltó en las fotografías de Català-Roca.
El rostro de esa señora que fue a recibir a un hijo que llegaba en el Seminaris al puerto de Barcelona.
La fotografía de la serie sobre el edificio de la Seat de plaza Cerdà escogida y popularizada. Francesc Català-Roca, el fotógrafo de la gran arquitectura de su momento.
Hay aún mucho que explorar por el archivo de Català-Roca. Aquí fotos que hizo aprovechando un encargo de la Editorial Blume por el que recorrió America en busca de cerámica popular. Le pregunté luego a su hijo y me comentó que el convenio firmado con el Colegio de Arquitectos (que atesoraba todo su voluminoso fondo, no sólo las fotografías de arquitectura) finaliza ahora. A ver qué va a ser ahora de él…
Con esta fotografía acabó su Presentación Laura Terré.