La otra exposición, también muy nutrida, que hay en los Espais Volart de la Fundació Vila Casas (hasta el 15 de enero) es una retrospectiva muy completa de Oscar Tusquets como pintor.
Es curioso, porque quizás no le haya favorecido demasiado la exhaustividad: es de las exposiciones de las que he oído más opiniones negativas.
Tiene series completas que ciertamente juegan con una estética supuestamente lujosa que me parece de lo más horrorosa, la serie de Benidorm, allá en medio, resalta su perfil de boutade, o, por ejemplo, los cuadros que pintó siguiendo todo el proceso de la enfermedad de su mujer Anna, sin ahorrar ningún detalle íntimo, cuesta admitirlos como objetos para exhibir públicamente. Vamos, que todo el conjunto, visto así al completo, puede hacer tambalear algo la imagen que se tenga del arquitecto.
Las cinco obras cuya fotografía cuelgo ahora sí me interesaron, por las razones que explico en cada uno de sus pies de foto.
El último realizado de los autorretratos presentados: 2020, creo. ¿Quizás pintado durante el confinamiento?
De una época en la que continuamente expresaba su admiración por Antonio López, sin duda.
De su serie más doméstica, me recuerda mucho a algún cuadro de un pintor que descubrimos en un viaje por Escandinavia, Ola Billgren.
Ese detalle de que aparezca detrás el Banco Atlántico…
Éste me resulta muy familiar, porque tenemos en casa colgada una reproducción a fotocopia que compramos a 1 euro en la Sala Vinçon, de cuando aseguraba que con la calidad alcanzada por los medios de reproducción, una copia valía tanto como su original.


















