Autorretrato.
Año nuevo, vida nueva. Una segunda figura de la vanguardia rusa que presentó Estela Ocampo en el Institut d’Humanitats fue Kasimir Malevich. Desde su principio prácticamente impresionista, exploraciones del color, su peculiar cubismo, sus composiciones suprematistas y ese progresivo despojo en sus figuras geométricas hasta el cuadro blanco sobre el cuadro blanco, fue pasando por toda su evolución.
La reflexión histórica en plan triste subido: mientras que Chagal y Kandinsky,
tras participar activamente con la revolución, acabaron yéndose a Occidente, Malevich se quedó en la URSS, y no lo pasó, precisamente, bien. Con alguna temporada en prisión, tuvo un final regresivo en su pintura (que, por otro lado, ya había llegado al límite de la abstracción), regresando a sus cosas iniciales.
Vestuario para ballet.
Cuadrado negro sobre blanco.
Composición suprematista.
Supremus #56
Cuadrado blanco sobre fondo blanco.
Autorretrato, ya de 1933.
El carpintero. Volviendo sobre sus pasos.
Los deportistas. Obra, también, de su vuelta atrás.