martes, 30 de noviembre de 2021

Los leones de Rembrandt


Me consta que Rembrandt tiene una serie de dibujos sobre leones en los que sabe captar el gesto y la cara de la fiera. ¿Serían ensayos efectuados después de que alguien se le quejara de los de este “Daniel arrojado al foso de los leones”?
Lo puso José Luis Guerin, en un curso, para hacer ver las enormes diferencias entre Rembrandt y Rubens, pero en otro orden de cosas, que no el leonil. Yo no pude callarme y expresé durante el intermedio mi sorpresa ante unos leones que parecen pintados por alguien que no ha visto en su vida ninguno o que, cuanto menos, no corresponden a quien sabe expresar de una forma excelsa el interior de los humanos retratados. Esos dos de más a la derecha, de perfil, mirando hacia la izquierda, más concretamente, parecen más bien unos señores malhumorados o aburridos, pero nunca el rey de la selva, por muy apaciguados que se diga que están.
Pues bien. El otro día, paseando por Barcelona, nos topamos con un primo hermano, que además, por razón de eso de las simetrías enmarcando unas escaleras, está duplicado. Saqué la tableta, lo fotografié y ahí va también.


 

Donar cabuda (Perejaume)

Al entrar a la sala de exposiciones hay que vencer durante un momento el contraste lumínico para ver, al fondo, una silla iluminada. En seguida apareció otra luz en un extremo, pero es que coincidí en el momento en el que una empleada procedía a lavar los lavabos que tiene la sala.


Da un poco de miedo, al entrar en la exposición de Perajaume “Donar cabuda”, en la Filmoteca (hasta el 30 de marzo). Todo está muy oscuro y debes esperar a acostumbrarte a esa oscuridad para ver, al fondo a la izquierda, una silla de tijera iluminada y, a la derecha, una pantalla en la que se está proyectando una escena nocturna.
La silla, como alguna otra de la exposición, permite escuchar sentado una grabación de Perejaume. La escena nocturna de la pantalla muestra un proyector de cine que envía su haz luminoso hacia un hueco del terreno donde está aposentado.
Antes de entrar a la sala, Perejaume ha preservado el gran espejo que ven los que suben o bajan por las escaleras mecánicas, solamente poniendo encima suyo el título. En una repisa han colocado unos cuantos ejemplares de los “Apunts de cinema” del artista, de donde están extraídos los textos que pueden oírse o leerse dentro.
Más tarde, tras salir de la sala de exposiciones y entrar ya en la sala de proyecciones mediante un singular circuito -abajo, arriba, abajo-, desde la pantalla te recibe antes de cada sesión una escena que, según los comentarios del respetable, apostando cada uno de sus ejemplares por hacer la broma más cáustica, puede verse como una cinta sin fin:
-Aquest encara continua cavant. Ja fa uns quants dies que està aquí treballant -suelta a voz en grito, más feliz que una mona con su gracia, uno de ellos, haciéndose oír.
-Jo em canso només de veure’l- suelta un rival compitiendo con el anterior.
Ante el desconcierto de otro espectador por ver a alguien (el propio Perajaume) cavando continuamente hasta hacer un buen agujero, su vecina de butaca le explica que forma parte de la exposición que hay arriba, pero que ha pasado por ahí y no ha entendido nada.
Parece que por no entender no entienden ni lo que se proyecta como aperitivo a las sesiones de cine, y mira que eso sí que resulta meridianamente claro. Perejaume cava un hoyo en el que (como muestran las imágenes de la sala de exposiciones) el proyector irá arrojando, acumulándolas, todas sus imágenes.
En el programa de mano se explica que vio así a la Filmoteca, con sus salas de proyecciones enterradas en un subsuelo de la plaza.

En una pantalla de la sala, una escena nocturna: un proyector arroja su haz lumínico sobre un hueco del terreno donde está aposentado.

El espejo y el banco con folletos y los textos de Perejaume, que se venden en la librería. Arriba, en la calle, apoyándose en el vidrio de la fachada de la Filmoteca, una chica ajena a lo que se cuece dentro.

Entrando en la sala Chomón para ver una película, la sorpresa de ver a Perejaume cavando sin descanso.
 

jueves, 25 de noviembre de 2021

La puesta en escena del arte



Cuando José Luis Guerin llegó ayer a Degas, enseñándonos cómo se le escapa la vida del espacio del cuadro, recapituló hasta hacernos ver que posiblemente todo su curso sobre “La puesta en escena de la pintura” ha tratado fundamentalmente de un proceso por el que paulatinamente la pintura va dando pistas de lo que se encuentra fuera del objetivo principal del cuadro (miradas, ventanas, reflejos, espejos,…), hasta que llega un momento en el que la imagen del cuadro queda absolutamente desbordada por la vida.
Previamente, en esta cuarta y última sesión, partió de un Rembrandt que busca la introspección y muestra ese estado interno de sus personajes (primera imagen).
Dio un salto a Velázquez, entrando por el de sus primeros tiempos (segunda imagen), que muestra la osadía de dar un primerísimo plano para el personaje más modesto, mientras deja el teórico motivo principal en una esquina al fondo.
Hablar de Velázquez le llevó a hacerlo del punto de vista y de los espejos. De su inesperada (tercera imagen) “Venus del espejo”, precisamente, hizo un raccord a los espejos de los impresionantes cuadros de Vermeer: cuarta imagen), con sus personajes colocados junto a una ventana, a través de la cual, por ejemplo, su geógrafo (quinta imagen) mira pensativo un mundo exterior que no vemos, produciéndose entonces una suspensión temporal.
Esas mujeres de los cuadros de Vermeer le llevó hasta las de los de Hammershoi (sexta imagen) que, de espaldas, sin que les veamos su rostro, parecen no hablarnos de una mujer concreta, sino de “la mujer”.
De mujeres de espaldas (todo esto es únicamente un esquema, una simplificación mía, pues éstas sesiones están repletas de imágenes de muchos pintores) a hombres también de espaldas, habitualmente en un punto elevando, contemplando el paisaje, esencia del Romanticismo.
Y así siguió, mezclando cuadros archiconocidos con otros casi desconocidos.
Acabó, en un final en el que metió varias de sus últimas obsesiones, con el último cuadro de Manet (séptima imagen), en el que -aventuró- casi seguro que vertió todo lo que, sabiendo que venía su final, llevaba dentro. Y dio razones para pensarlo.
¿Dije en alguna de estas apresuradas notas de después de cada una de las atiborradas sesiones de más de tres horas que efectuamos un recorrido fascinante?
Acabó el recorrido, pero por suerte éste puede tener su continuación en otro curso la semana que viene. Los Films de Orfeo (la marca que ha montado JLG para sus cursos y talleres) ha planificado para ese nuevo curso algo muy diferente, pero que no debiera dejar indiferentes a los amantes del cine. Ha contactado con Ángel Diez, el director de “La peine perdue de Jean Eustache (1994), lo mejor que he visto sobre el realizador criado en Narbona, de quien se detecta muy próximo y conocedor de las principales figuras que lo acompañaron, que aparecen en el documental informándonos de manera increíble.
Quien ha amado o cuando menos intuido lo que hay detrás de “La maman et la putain” o de “Mes petites amoureuses” (octava y última imagen) no debería saltarse ese curso (dos dias de tres horas cada uno). Para inscripciones, visitar la web joseluisguerin.com









 

sábado, 20 de noviembre de 2021

Sofía Uslenghi


La primera imagen fue otra de las que pesqué en el Museo Santa Giulia de Brescia. Es de Sofía Uslenghi, y ahora veo que forma parte de toda una serie, “Homessick”.





 

Sebastián Loiacono y Albert Bover

Noche de jazz, ayer, en el Byron Milano, con el saxofonista argentino Sebastián Loiacono y el pianista Albert Bover quien, habiéndolo oído e...