Con el recorrido que -muy inteligentemente- hicieron por sus obras (que diría sufrieron, de paso, una buena selección), su reducido precio de entrada y su ubicación tan céntrica, no entiendo cómo el Museu Frederic Mares no está ahora siempre colapsado. Si estuviera en París, por ejemplo, seguro que sería una etapa imprescindible de la visita a la ciudad.
Aunque no lo aparenta, se ve que se trata de un niño Jesús.
Y otro, el pobre con esos ojos de alucinado.
En ésta los dos ofrecen un semblante divertido.
En cambio ésta más cariacontecido.
Un calvario.
Y ésta pertenecía a la colección de Oleguer Junyent, y ahora está en la pequeña muestra a él dedicada. La cara de la virgen parece muy retocada, lo que le da un aire algo de extraterrestre.



















































