domingo, 30 de julio de 2017

Xalabarder y el "Je te veux" de Éric Satie


(Creo que estaría bien, si alguien se aventura a leer todo este larguísimo texto que me ha salido, que lo haga oyendo el vals que enlazo al final de todo)
Suele pasar siempre. Las veces en que he asistido a un funeral laico, organizado para despedir a alguien de la forma lo más alegre posible, acaban por ser los más emotivos, todo el mundo llorando. Recuerdo, por ejemplo, el de Josep María Carandell, que acabó con todo el mundo cantando "La cançó de les balances" (que él había escrito) y llorando a moco tendido. Hoy, de buena mañana, he ido a la ceremonia de despedida de un vecino con el que apenas he intercambiado a lo largo del tiempo unas cinco frases, pero que me caía la mar de bien. Un hombre callado, discreto,... que me enteré que era toda una eminencia científica cuando hace unos años un amigo le llamó a mi empresa para que diera una conferencia, después de buscar la persona más capacitada para ello. Él mismo, me cuentan, se había preparado su esquela, y él mismo había dejado preparado el esquema de su ceremonia. Una ceremonia que todos los asistentes recordaremos con alegría... y emoción.
La ceremonia de Robert Xalabarder ha empezado con un carrusel animado de fotografías suyas a lo largo de su vida, que su hijo Marcos ha colgado por aquí, y es de donde yo he robado ahora unas cuantas impresiones de pantalla. Todas ellas desprenden, y eso te gana, una mirada irónica sobre sí mismo.
Marcos, precisamente, ha sido el hijo que ha conducido la ceremonia, y el primero al que -cómo pasó con el hijo de J.M.Carandell, que también creyó que lo podía hacer sin problema- le han paralizado en algún momento las lágrimas. Claro que había razones fuertes para ello: Ha leído el texto de bienvenida que dejó escrito: "Ep, res de cares series! (...)". Su hija Marta ha leído después también con problemas los poemas -sencillos, directos- que le ha escrito su mujer, ahora viuda, Alicia. Una nieta, hija de Marcos, ha iniciado con aplomo el poema que Xalabarder dejó indicado que se leyera ("¿Qué hice con mi tiempo? ¿Qué hizo el tiempo conmigo?"), interrumpido de golpe por unos sollozos que no ha podido ya dominar. Otro de los numerosos hijos del fallecido ha subido y, cogiéndola cariñosamente del hombro, lo ha leído en su sustitución.
Otro nieto, muy joven, ha salido entonces a leer el retrato que había preparado de su abuelo ("Detrás de la pipa una barba, detrás de la barba, tú"...). No estamos, en general, acostumbrados, y la gente no sabía si reír (con ganas) o aplaudir en los numerosos momentos que lo estaban pidiendo a gritos, y entonces todos se quedaban callados. Solemos acudir a funerales en los que un sacerdote, si hay suerte, conocía un poco al finado, y, si sabe hacerlo -más suerte todavía-, evoca alguna de sus características o explica su recuerdo personal. Pero en la gran mayoría de los casos se limitan a soltar las expresiones habituales, a recalcar la lectura religiosa que suele aparecer en estos casos, que habla de dicha, visión beatífica, reencuentro en el cielo, y estas cosas. En su escrito de bienvenida inicial Robert Xalabarder nos hacía recalcar que no había por ningún lado ni un sólo signo religioso, ni lo iba a ver en ningún momento, y pedía perdón a aquellos a los que esto les podía golpear. Pero, frente a las vacías expresiones, gastada de tanto uso, de las ceremonias religiosas, en ésta el mensaje alegre y esperanzador que repetidamente ha aparecido yo diría que, después de haber emocionado, ha convencido a todo el mundo.
Su hijo Marcos, para casi acabar, ha explicado su recuerdo sonoro infantil: siempre oyéndole caminar arriba y abajo por el pasillo, pareciendo ausente, pero con una clara indicación: "Sois independientes, pero si me necesitáis, aquí estoy."
Antes de acabar, Marcos ha comentado que teníamos un espontáneo, y uno se aprestaba a oír los lamentos de un amigo llorando tópicamente a su amigo desaparecido, pero ha sido también una intervención de lo más divertida, coherente con el tono de toda la celebración: El Sr. Obiols ha recordado cuando, hartos ya de ir a buscar a eminencias de fuera al aeropuerto, agasajarlas, y sobre todo en ocasiones pagarles del propio bolsillo (aquí sí que he oído las risas) cena y hotel, Xalabarder reunió al grupo de amigos y les propuso acabar con ello. A partir de ese momento todo eso lo iban a hacer entre ellos, se iban a agasajar mutuamente. Él adoptó ahí el nombre de "Triptófano", según me ha informado una vecina con conocimientos en la materia un elemento antidepresivo, que aporta el buen humor. El Sr. Obiols ha concluido su intervención señalando que, treinta años después de su funadación, el APA, la asociación, desaparecía con la desaparición de Roberto Xalabarder.
Un Xalabarder que había escogido para finalizar el acto el vals "Je te veux", de Eric Satie. En una grabación muy reciente, efectuada en su casa, se le ve bailando este vals con todas y cada una de sus mujeres. Al final, impreso, le leemos: a Alicia, y luego a muchos más de una larga lista, "Us he estimat/Os he querido". Y un final humorístico, que no podía faltar: "Si alguno no se ha encontrado en la lista: A ti sólo: T'he estimat/Te he querido".
¿Alguien puede pensar en una despedida mejor?
Enlace al precioso vals de Satie, con el que hemos ido saliendo, emocionados al máximo, pero reconfortados:











 

Huellas (Humberto Rivas)


Es el catálogo de la exposición "Huellas", que con fotos de Humberto Rivas se presentó en el AFB. Me lo he traído a casa, para mirarlo con calma.
Lo primero que ves es que son fotografías de rostros y de casas que acusan el paso del tiempo. Luego, al ver la foto de la fachada de San Felipe Neri acribillada por la metralla, te das cuenta de que las huellas podrían corresponder a la Guerra Civil.
Al final del libro se incluye un artículo de Cristina Zelich (que sitúa muy bien a Humberto Rivas, a la vez que expone una historia de la reciente fotografía barcelonesa vivida de primera mano) y otro de Salvador del Carril Helguera, hijo de su primera mujer (quien reflexiona sobre la obra de Rivas, a partir del conocimiento de lo que vivieron juntos, poco tiempo después de la muerte del fotógrafo: "Huellas" era el proyecto que tenía entre manos cuando murió).





 

viernes, 28 de julio de 2017

Colecciones Islámicas de The Chester Baetty Library, de Dublín


Es el catálogo de The Chester Baetty Library, de Dublín, comprado hace un par de años después de habernos quedado boquiabiertos al ver sus contenidos, y especialmente de los de sus colecciones islámicas. La riqueza y belleza acumulada en esos manuscritos es increíble.

La portada del catálogo, ilustrada con una pintura hindú de principios del siglo XVIII. Representa al emperador Awrangzib recibiendo al príncipe Mu'azzam.

De un "hadith". Irán, 1435.

No sólo hay filigranas, flores y dibujos geométricos en estas obras. Ésta corresponde a un texto persa de 1485, Los 5 poemas (Khamsa) de Amir Khusraw. En la imagen, un anciano encuentra a un joven.

Página derecha (hay otra a la izquierda, llena de soldados a pie y a caballo, en formación) del gran dibujo sobre el funeral del Sultán Suleimán el Magnífico que ilustra un texto persa de 1579.
 

sábado, 22 de julio de 2017

Edward Steichen


No puedo estar eternamente escogiendo y colgando una foto del catálogo que el Sofidú dedicó a Edward Steichen, con el título de “Una epopeya fotográfica”, en 2008. Me contengo pues, y acabo ya ahora con esta foto de 1929, un retrato de Clara Bow, con todo ese volumen de aire encima que tanto impresiona a Louisa Merino. En este caso, además, esa mirada de la actriz en esa misma dirección ascendente acentúa el efecto. 

viernes, 21 de julio de 2017

Meredith Frampton


Postals – 257
(Meredith Frampton.- “Marguerite Kelsey”, 1928. Londres, Tate Gallery)
Manteniendo esta postura, Marguerite debió quedar con el cuerpo molido. Pero dicen que era una profesional en esto de posar para artistas, y aguantaba un buen rato.

 

Edward Steichen


Una fotografía de Edward Steichen muy atractiva, pero por razones muy diferentes, mucho más inmediatas, que las colgadas hasta el momento: “Eva (Dana y la manzana), 1922. 

miércoles, 19 de julio de 2017

El documentalismo de Steichen


Decía Carles Guerra el otro día en su presentación de la exposición de Allan Sekula en la Tapies una cosa de forma reiterativa, y cada vez que lo decía, yo arrugaba la nariz, incómodo. Su tesis, que no niego que puede servir con Sekula, era que una fotografía, por sí sola, no "documentaba" nada. Que necesitaba de su confrontación con otras, o de un texto complementario.
Me detengo a observar esta fotografía de Edward Steichen. Es verdad que va acompañada en el catálogo ("E. S. Una epopeya fotográfica", Museo Nacional Centro de ArteReina Sofía, 2008) por un pie de foto que aclara situación, lugar de la toma y año ("Prensa del domingo, West 86th Street, NY, 1922"). Pero digo yo que también es verdad que sin el mismo también habríamos llegado aproximadamente a datar y medio situar la escena, y habríamos deducido que eso de estar ahí sentado, recibiendo a pleno día la brisa del exterior, leyendo con detenimiento un diario -que quizás esté escrito en el idioma del país de su origen- no era la ocupación diaria de ese hombre. Es decir: Esa imagen diría que nos habla, nos documenta, la situación de ese hombre y de otros muchos como él en esa época y lugar. Por lo que se ve en ella y por lo que se intuye de otras muchas tomadas a diario que no se ven, pero se intuyen. ¿O no?

 

martes, 18 de julio de 2017

Joan Miquel Oliver


No debía hacer tiempo ni nada que no Iba al Teatre Grec, que yo diría que la vez anterior aún no habían puesto las sillas con respaldo, y te tenías que sentar tal cual sobre el correspondiente banco de piedra, no sé si con o sin -más bien sin- almohadilla.
El tío feo del mono negro es Joan Miquel Oliver, de quien sabía de sus letras que combinan felizmente palabras, frases o situaciones que en principio nunca pensarías ver juntas. Anoche me sorprendió también -al menos en sus primeras canciones- la fuerza instrumental del grupo musical del que forma parte y preside.





 

miércoles, 12 de julio de 2017

Xavier Prat

Autorretrato.

Hoy -uno de los días más calurosos del año, diría yo, al menos en algún autobús urbano- Sergio Vila-Sanjuán, que lo conoció y ha hecho de comisario, presentaba en Can Framis la exposición dedicada a Xavier Prat (hasta el 23 de julio). Un poco con su estilo como quien da clase a escolares, dando alguna que otra clave interpretativa más bien facilona, ha ido situando las etapas de un pintor (nacido el 1957 y fallecido el 2007, aunque dejó pintar a principios de los 90) muy poco conocido, surgido en el entorno barcelonés de la contracultura de los 70 y 80, que fue chupando muchas influencias que pasaron por su lado.

Dibujos juveniles, con el modelo de Dalí por ahí al lado.

Autorretrato con su amigo el crítico y comisario de arte Josep Miquel García.

Una recreación de La Paloma: "El ball".

Otro baile, más sincopado.

De su etapa final.

También de su etapa final, una evocación amable de la costa barcelonesa.

Obra de juventud.

Ésta también es de las primeras.

Y otro autorretrato.
 

martes, 11 de julio de 2017

Allan Sekula. Sísifo colectivo

Carles Guerra hablando del Exon Valdés.

Menos mal que acudía a ver una de esas excelentes presentaciones que hace Carles Guerra sobre una exposición de la que es (co)comisario, porque de haber visto "Allan Sekula. Sísifo colectivo" (fundación Tapies, hasta el 25 de septiembre) por mi cuenta, aunque fuera venciendo parcialmente la pereza que me da leer in-situ los textos del folleto que entregan (que tampoco es que hagan un claro recorrido por la exposición, ni que aclaren demasiado), me habría ido a casa no muy convencido, y con serias dudas sobre el auténtico significado de lo visto.
Por ahí ha empezado Carles Guerra su exposición. Hablando de la imposibilidad de que una de esas fotografías de "Fish Story", tomadas en sitios marítimos en conflicto, pueda documentar por sí sola alguna cosa. Ha incorporado el texto (a leer en el folleto) y en este sentido Guerra pone como antecedentes a Walker Evans y James Agee, con su famoso libro de su viaje por la América de la depresión.
No es sólo una exposición de fotografías, fotografías a veces sin fuerza magnética suficiente per se, o de detalles que no sabes muy bien qué aportan, pero entre todas las de la serie se va organizando un relato, en el que siempre aparece de alguna forma presente la fuerza de la globalización o el avance del neoliberalismo y, por otro lado, en desigual combate, quienes están quedando o van a quedar afectados por esa fuerza. De ahí surge el concepto de Sekula que da pie al título de la exposición, que viene a señalar la importancia de ese trabajo lento colectivo, una y otra vez reiniciado, como el de Sísifo, que aparentemente no ofrece resultados, pero que es imprescindible seguir desarrollando.
No es sólo de fotografías, digo, porque haciendo honor a sus orígenes como artista conceptual, la muestra presenta una serie de piezas, enormemente variadas, de las que, centradas más o menos en el mundo de los estibadores, Sekula compró en eBay, pagándolas mediante PayPal, para que formarán parte de un "Museo de los dockers".

Arriba, un hombre camina por los escombros de una nave derrumbada del puerto de Rotterdam. Abajo, detalle de las fichas de "La equitativa", el sistema de auto-reparto del trabajo, por parte de los estibadores.


Y aquí empiezan las piezas del Museo de los Dockers.






 

lunes, 10 de julio de 2017

Edward Steichen


Una faceta menos conocida de Edward Steichen: Una foto suya sacando un “Patio trasero, Nueva York, 1922”. Aquí ya no se trata de sacar la esencia del personaje retratado. La que le mueve es, en cambio, la intención de dar a conocer una imagen que le ha sorprendido.
 

sábado, 8 de julio de 2017

Edward Steichen


Decía por aquí Louisa Merino que ha estudiado el tema, que una de las características que definen a muchas fotografías de Edward Steichen es ese enorme volumen de aire encima de muchos de los personajes de sus retratos. En el Partenón, en 1921, con Isadora Duncan, debió disfrutar.


 

Sebastián Loiacono y Albert Bover

Noche de jazz, ayer, en el Byron Milano, con el saxofonista argentino Sebastián Loiacono y el pianista Albert Bover quien, habiéndolo oído e...