miércoles, 12 de febrero de 2020

Proust y la apoteosis de la aristocracia parisina (Estela Ocampo)

Jordi Llovet presentando (a su manera: sobre todo nos enteramos de los nombres de sus nietos y de su marido) a Estela Ocampo y promocionando la última conferencia del ciclo La Cultura del Fin de Ciclo, en la que él hablará de La Femme Fatale.

Estela Ocampo ha seleccionado y traducido casi toda la correspondencia de Marcel Proust y pronto veremos editado el fruto de su trabajo. Quiere eso decir que era la persona más adecuada para, con argumentos de peso, hablarnos de toda la corte de amigos y conocidos del escritor, discernir los que sirvieron total o parcialmente de modelos de los personajes de la Recherche, etc.
Toda una galería de esos personajes reales, virados o no a personajes en la novela de Proust, desfilaron ayer en su conferencia en el CCCB, que llevaba el título de “Proust y la apoteosis de la aristocracia parisina”.
Empezó previniendo contra el cliché, señalando que Proust suele ser más complejo que el snob como el que suele representárselo. Habló para explicar esto de su procedencia social (que no era la aristocracia ni en absoluto una familia mundana), de su asistencia inicial a los salones que reunían lo que se llamaba “el tout Paris”, una mezcla de aristócratas y artistas, y de su abandono radical de esos salones a los 40 años, para pasar los doce últimos años de su vida sin apenas salir de la cama de su casa, en una habitación forrada de corcho para aislarse de cualquier ruido exterior, salvo alguna esporádica escapada de madrugada para acudir a cenar de madrugada al Ritz con algunos amigos.
No quedaron fuera de la charla los poderes evocadores por parte de las magdalenas mojadas en té o de la sonata de Vinteuil, especificando que ese era el verdadero tema de la novela, el acceso a ese mundo que se había olvidado, pero mucho más a través de la impresión (como los cuadros de los impresionistas) que mediante la inteligencia.
Pero básicamente consumió Estela Ocampo el tiempo de su conferencia (tras comentarnos que había que andarse con cuidado, pues el mismo Proust señalaba siempre que una cosa era su narrador y otra él, el escritor) en presentarnos toda una galería de personajes reales que influyeron en Proust o a los que Proust frecuentó, y su posible relación con los personajes de “En busca del tiempo perdido”. Los de las fotos son solo unos cuantos...
Por último, Estela Ocampo habló del último volumen de la novela, “El tiempo recobrado”, en el que se aprecia un Proust mucho más crítico con sus personajes, pues hasta los que antes han sigo protagonistas bien valorados han entrado ya en un deterioro grande. Corresponde, ha dicho, a un momento en que la aristocracia, que se arroja descaradamente al dinero, ya ha sido sustituida por completo como clase dominante por la burguesía. Pero Proust, ha sentenciado al final, no es un escritor social. Los mismos sirvientes de su novela son también viciosos. El arte es lo único que, para Proust, redime.

La plaza de Illiers, modelo del Combray de “En busca del tiempo perdido”.

El médico Adrien Proust, padre de Marcel, fotografiado por Nadar.

Proust con Lucien Daudet, hijo del escritor, y Robert de Flers, ambos amantes temporales suyos.

Madame Strauss, a cuyo salón acudió Proust, pintada por Jules-Elie Delaunay en 1878.

Marcel Proust arrodillado ante Jeanne Pouquet, una de las evidentes modelos de los personajes de la Recherche.

Madame Lemaire, introductora de Marcel Proust en los salones parisinos, fotografiada por Nadar.

Reynaldo Hahn, pintado por Lucie Lambert. Amante de Proust, ejerció gran influencia musical en él. Según Estela Ocampo, se trata de un notable músico, cuya importancia ha sido eclipsada al ser conocido mayoritariamente como amante del escritor.

Robert de Montesquiou, en una pintura de Giovanni Boldini. Persona fundamental en la vida de Marcel Proust, rompió peras con él cuando se vio reflejado en la Recherche.

La Condesa de Reffulhe, pintada por Philippe de Laszlo. Modelo de la Condesa de Guermantes de La Recherche.

Laurencio de Sade, Condesa de Chevigné.
Charles Haas, modelo del Swann de “En busca del tiempo perdido”, pintado por Théobald Chartran. Según Estela Ocampo, como Haas, al igual que Proust, era de origen judío, puede llegar a decirse que en la novela representa en muchas ocasiones mucho mejor a Marcel Proust que él mismo narrador.

El círculo de la rue Royale, pintado por James Tissot en 1868. El de la derecha, bajo el umbral, representa a Haas. El que está sentado más a la derecha al Principe Edmond de Polignsc.

Winaretta Singer, casada por conveniencia (ambos eran homosexuales) con el Principe de Polignac, inmensamente rica como enredara del fundador de la empresa de máquinas de coser, fue una gran mecenas musical.

Armand de Gramond, duque de Guiche, fotografiado por Nadar.

San Seacabó.
 

Sebastián Loiacono y Albert Bover

Noche de jazz, ayer, en el Byron Milano, con el saxofonista argentino Sebastián Loiacono y el pianista Albert Bover quien, habiéndolo oído e...