Lo más sorprendente es que la idea y la ejecución de la exposición del CCCB, “La máscara nunca miente” (hasta el 1 de mayo), fue previa a la pandemia. Es decir, como pone en la propia exposición, de cuando mirábamos con recelo a alguien que iba con mascarilla por la calle, antes de pasar a sospechar de quien no la llevase puesta.
La exposición es tan variopinta que raro sería que alguna de sus secciones no interese a cualquier visitante. Aunque quizás en esa misma característica esté también su problema, porque habrá quien, gustando de las máscaras clásicas, lamentará su casi absoluta ausencia, quien aficionado a las africanas, encontrará mal colocadas en una sala grande que puede resultar un batiburrillo, y etc.
Sí que, a fuerza de ir pasando más o menos cronológicamente por determinadas modas tirando a fantasiosas o esotéricas, ofrece una idea de cierta continuidad en esa línea oscura que fue ocupando a la humanidad asentada en el simple hecho de ocultarse (o destaparse) la cara. Desde el Ku kus Klan a las Pussy Riot, pasando por Fantomas, la masonería o sus adversarios o El enmascarado de Plata.
La han comisariado Servando Rocha y Jordi Costa.
Las múltiples caras de Fantomas
Musidora.
Las caretas antigas de la Primera Guerra Mundial, junto a otros terrores dando pie a caras que no necesitaban taparse para causar pavor.
Una mujer enmascarada pasando ante los antifaces de luchadores de lucha libre mexicanos.
Antifaces de colores confeccionados por las Pussy Riot.