El precioso y evocador Tom Sawyer y la gran satisfacción de saberlo uno de sus cuadros más recientes.
Tras una década de multicrisis quizás haya cambiado, pero mirando con indulgencia y cierta perspectiva el asunto ese de la relación hogareña con el arte, antes siempre llegaba un momento en la vida en que quienes hasta el momento lo máximo que habían hecho era pegar láminas o colgar carteles por las paredes de su casa, tras enmarcar los más apreciados, viendo que la situación económica daba para ciertas alegrías, tímidamente empezaban a hacerse ya no con reproducciones, sino con alguna litografía, o incluso hasta algún original.
Tuve la suerte de que en mi caso (la gente se cree diferente, pero en general, dentro de un mismo grupo social, los comportamientos se reproducen casi automáticamente) esa etapa de -en el fondo- integración burguesa coincidiera con la eclosión como pintor de Romà Panadés. Fuimos siguiendo sus diferentes aproximaciones a varios tipos de pintura, que le llevaron a alcanzar una buena popularidad, al tiempo que la satisfacción de entrar en la Col.lecció Testimoni, ser seleccionado para elaborar un cartel de la Mercè, etc. Vivimos pues, sus estampas convertidas en iconos barceloneses; sus toreros, marineros y manolas; sus cuadros matéricos de niños con polvo de mármol; hasta sus magníficos -No tan vistos- bodegones con elementos culturales.
Ahora, la galería Jordi Barnadas dice que ha ido a revisar los cajones perdidos del pintor y le ha pedido una serie de cuadros que guardaba de muchas de esas épocas para montarle una retrospectiva, que estará ahí ya sólo un par de semanas más (hasta el 15 de febrero), por lo que conviene apresurar la decisión de visitarla.
He salido muy contento de la galería, sobre todo gracias a la satisfacción que me ha producido el que sus últimos cuadros (que han situado recientemente como los más próximos a la puerta), hayan sido los que más me han gustado. Eso parece asegurar que una nueva y rica etapa de su pintura da síntomas de estarnos esperando.
Un abrazo de una pareja (que podría ser de otra época previa, pero con ese potente fondo rojo acercándonoslo), dos chicas consultando su móvil en un autobús cuyo color gris nos acerca aún más ese estilo comic o, sobre todo, esa preciosa, aparentemente muy sencilla, evocación de Tom Sawyer, con la omnipresencia de ese color rojo que potencia ese carácter de ensoñación, provocan esa sensación tan reconfortante.
A ver qué exposición de Romá Panadés nos ofrecerá la Jordi Barnadas de aquí a dos o tres años. Ya me voy preparando para degustarla.
“Així era” (2019). Romà Panadés, testigo.
“El ball” (“El baile”), que recuerda ciertas cosas de sus abrazos.
“Festa Major” (2010)
“Hivern” (“Invierno”, 2017). Un cuadro de esta serie lo escogió su hermana Pruden Panadés como portada de su “Cosins de Tarzán”







