Cuando, en 1992, Martí Rom y yo fuimos en busca del estudio de Montse Amenós e Isidre Prunés, que entonces trabajaban juntos por un concentrado barrio de artesanos de Gracia, hoy totalmente arrasado, apenas sabíamos nada sobre Isidre. Por no saber, ni siquiera sabíamos si, además de profesional -eran los escenógrafos de moda del momento- los dos formaban pareja en la vida personal.
Estuvimos con ellos mucho tiempo ese año. Pudimos asistir a buenas parte del proceso de creación de "Flor de nit", la obra del grupo teatral sobre el paralelo revolucionario, escrita por Manuel Vázquez Montalbán, cuyos ensayos y estreno sirvieron de argamasa para el documental de Martí Rom que vino a acompañar al libro que les dedicamos, en la que vertían muchas ideas sobre su oficio.
Uno de nuestros empeños fue averiguar qué correspondía a Isidre, y qué a Montse, y aunque sí que sacamos alguna idea al respecto, la verdad es que no quedaba tan claro. Con más base teórica, quizás, Montse, pese al siempre recordado maestrazgo que Isidre también reconocía de Fabià Puigcerver, ambos hacían figurines (tengo colgados en una pared, en casa, un par suyos magníficos, que prepararon para las películas iniciales de Agustí Villaronga y Carles Mira) y se dedicaban a pensar y construir los espacios escénicos. Por eso, cuando supimos de su separación profesional, al margen de sorprendernos un rato largo, nos dijimos que había llegado el momento de saber definitivamente qué era de quien, pero pasado un tiempo volvieron a hacer cosas juntos: dice hoy el periódico que estaban -los dos- preparando un nuevo "Mar i cel"...
Hoy, en la edición catalana de "El País" hay una inusual larga nota sobre el fallecimiento de Isidre, consecuencia de haber contraído -y van...- un cáncer. Pese a haber perdido casi totalmente el contacto con ambos, me ha sabido fatal y aún peor que haya debido verse sometido a ese terrible proceso de la enfermedad.
En su muro de Facebook, Montse ha colgado esta divertida fotografía suya, que comparto aquí, como homenaje.




