domingo, 31 de julio de 2022

Historias reales (Sophie Calle)

La portada

Historias ilustradas con una imagen o una imagen ilustrada con un texto.
Es “Historias reales” (Sophie Calle, La Fábrica, 2016), que bien puede servir como muestra del mundo de esta tan singular artista.

Y un ejemplo.
 

miércoles, 20 de julio de 2022

Jane Birkin en el Grec

En la explosión final. No sé si se aprecia, pero me acaba de volver a mirar.


No las tenía todas conmigo. Su concierto de Madrid se anuló, aduciendo la indisposición de un músico, el lunes se suspendió el “Thé avec Jane Birkin” al que invitó el Instituto Francés de Barcelona y, por otra parte, como la misma Jane Birkin había comentado a un entrevistador lo inflada que le dejaba la cortisona que se veía obligada a tomar…
Pero fueron temores infundados: Jane Birkin no sólo dio anoche su concierto en el Grec Festival de Barcelona, sino que, en vez de cumplir con oficio a lo que se había comprometido, se entregó a conciencia, llegando a hacer tres bises, con un total en ellos de ahora ya no sé si cinco o seis canciones. El caso es que, cuando creía que a las once ya estaríamos silbando en la calle, salimos, en realidad, cerca de medianoche.
Era necesario ir al recital para homenajear a quien forma parte de esa corta nómina de artistas de nuestra vida. Agradecerle su siempre volcada presencia desde sus inicios en usualmente cortos papeles como actriz, en películas de todo pelaje, o interpretando canciones con un punto de escándalo, siempre llenas de modernidad y cariño.
Empezó anoche desplegando sus últimas composiciones, pasando de canción en canción y actuando con absoluta convicción. Había llegado acercándose por detrás de su banda (3 jovencísimos -dos bajos y una batería- y un más veterano Jean-Luc a los teclados) que, con escasa originalidad, como obligado reclamo, dejaba ir los acordes de “Je t’aime, moi non plus”, hasta situarse en medio del escenario. Llegó pausadamente -y se mantuvo- en su chaqueta (¡con la noche de bochorno asqueroso que estaba haciendo!), doblando un poco las piernas, hasta situarse junto a una mesita redonda y baja, enfrente de lo que debía ser una disimulada pantalla. Entonces, toda ella inestable, situó su mano izquierda, apoyándola, sobre la mesa, como si esa fuera la tercera pata necesaria para mantener la horizontalidad, y de allí no la sacó en todo el concierto, hasta que, por el final, en un bis, envalentonada, la alzó y, en un gesto muy suyo, la colocó por un momento en el bolsillo de la chaqueta para, medio minuto después, acusando el regreso de una cierta prudencia, volverla a su sitio de origen.
En esa primera actuación, en vez de cantar la tan conocida letra, arrancó con otra. Tardó bastante en dirigirse al público. Enlazaba una canción con otra, respondiendo sólo dulcemente con un “merci!” a los cariñosos aplausos.
Llegó un momento en que sí, empezó a cantar canciones de Serge Gainsbourg, pasando a hacer lo propio con aquella cancioncilla de suave tonada que ella misma había compuesto -indicó- a los 19 años, “Di doo dah”.
Por entonces sí habló largo y tendido, micrófono en mano. El homenaje a su “metteur en scène” Etienne Daho, a quien agradeció haberle alentado para preparar y aceptar el recital, le llevó a expresar la emoción ante quienes, como él, creyendo en ella, le saben trasmitir el calor suficiente para actuar. Ahí enlazó con el calor que notaba también le trasmitía el propio público del Grec: “muchos bueno pour le coeur”- dijo. Y, aunque dijo eso del calor -me pareció que salió y todo un “griller”- en una noche de una temperatura y ambiente tan bochornosa, desde luego no se refería para nada al termómetro, que soportó con estoicismo, solo retirándose el sudor de la cara en un par de ocasiones.
Después de eso, al poco tiempo, inició la racha de bises. Si bien entiendo que buena parte del auditorio ya iba convencido de antemano, diría que para ese momento ya se había metido al resto también en el bolsillo, ganado, como apuntaba por arriba, a conciencia, de una forma admirable.
Desdibujada por las desgracias que le han golpeado últimamente (me contaron que explica se cayó con un nieto por las escaleras de su casa de Bretaña y se fastidió una buena serie de partes de su cuerpo), durante el concierto, en varias ocasiones, te entraba un escalofrío -¡con esa temperatura!-: los quiebros de su voz, tan identificables, te recordaban que era ella a la que estabas viendo, ahí entregada, ganándose paulatinamente al auditorio.
Pero quiero señalar un punto más a su favor. En el compuesto bis final, cuando ya todo el mundo esperaba que iba a finalizar ahí, tras agradecer la recepción, cuando todo apuntaba a que iba a acabar con una cancioncilla de lo más sentimental, para reforzar el sentimiento logrado, se puso a interpretar una creación de Arno, “Putain, putain”, que, lejos de la tonadilla sentimental, dejó explayarse con la fuerza más grande a los bajos eléctricos de su banda. Chapeau!
No sé si alguien más lo notó. El caso es que cada vez que saludaba, agradecida, al público, me miraba a mí. Debo, una vez más, agradecerle su consideración.

Empezando. La mano equilibradora ya en el taburete donde nunca se sentó.

Frederic Amat se pasó buena parte de la sesión, al margen de moverse juvenilmente al ritmo de alguna canción, haciendo fotos que, seguramente, colgará en las redes sociales. Pero, como es moderno, no lo hará en este FB de nuestras entretelas, sino en Instagram.

Antes de empezar.

 

martes, 19 de julio de 2022

“Geometrías”, en la Marc Domènech



Ponen que es hasta el 9 de septiembre, pero es algo engañoso, porque la galería cierra en agosto.
Es “Geometrías”, en la Marc Domènech. Muchos nombres de alto nivel. Quizás más geometrías de verdad en unos pocos cuadros de la planta baja: Alejandro Viladrich, Alceu Ribeiro, Cardona Rorrandell o Jaume Sans, el de ADLAN.




 

martes, 12 de julio de 2022

Tosquelles


En septiembre 2015 la Filmoteca organizó una sesión de esas a recordar. Proyectó “François Tosquelles. Une politique de la folie” (D. Sivadon, J. C. Polak y F. Pain, 1989), a la que siguió una mesa redonda.
El documental permitió dar a conocer la trayectoria de este singular reusense, psiquiatra del Pere Mata al principio y final de su vida, médico-jefe de psiquiatría durante la guerra civil y sobre todo director del hospital psiquiátrico de Saint-Alban, en el sur de la Francia sometida por los nazis, donde revolucionó la práctica psiquiátrica, al tiempo que estableció una relación de lo más interesante con los surrealistas. La mesa redonda posterior, con la presencia de sus tres hijos en la sala, supo acercar aún más su personalidad.
Esta trayectoria y lo que desencadenó tanto en el campo de la psiquiatría como en el del arte, puede seguirse ahora (hasta el 28 de agosto) en la exposición que le dedica el CCCB, de la que una de sus comisarios, Joana Masó, ofreció ayer una visita comentada.
La exposición sigue su actividad psiquiátrica basada sobre todo en la idea de asistir no al enfermo, sino a los que cuidan de él; en desarrollar actividades (mercadillo, teatro, cine-club) y servicios (bar) que pudieran atraer a los vecinos del pueblo en el que estaba el establecimiento psiquiátrico y, de ésta forma, mezclarlos con los pacientes.
Hace hincapié también en la conexión con los surrealistas surgida en Saint-Alban donde se refugiaron temporadas Paul Eduard o Tristán Tzara y creando una línea que conectó con artistas como Artaud o Miró.
Y, por la conexión con un me he enterado que inicialmente dudoso (por colaboracionista) Jean Dubuffet, dar pie a toda esa línea del Art Brut, creado por enfermos mentales, que nutre el Museo correspondiente de Lausanne.

Todquelles en la guerra civil. A la izquierda la biblioteca del centro psiquiátrico de Sariñena. A la derecha, el Hospital de Almodóvar del Campo.

Un autorretrato de Tosquelles en la época de Saint-Albán, modelo investigado y seguido en sus prácticas cuando se vio que fue el único psiquiátrico que no tuvo la alta mortalidad que solían acompañar a estos centros.

Las actividades de Tosquelles en Saint-Albán se consolidaron y, años después continuaron, como muestran estos carteles de 1969. Me ha gustado saber, desde luego, que llevo un cine-club, donde sesiones como en la que pasó el “Él” de Buñuel, por ejemplo, fueron de lo más activas y productivas.

La vitrina donde está expuesto el “Souvenirs de la maison des fous”, escrito por Paul Elouard en Saint-Alban, me ha salido repleta de reflejos y no puedo ponerla por aquí. Valga como idea este “Parler seul” de Tristán Tzara y Joan Miró.

Fotos de Jean Dubuffet de trabajos de los internos de Saint-Alban. De sus viajes al centro (donde lo rechazó inicialmente, por colaboracionista, Todquelles) nace el origen de su colección de Art Brut, ahora expuesta en el museo de Lausanne.

Retrato de la Sra Dubuffet (Antonin Artaud).
 

Marmottan Monet de París


Tenia por la tableta unas cuantas fotos de la (casi tradicional) visita que hicimos al Marmottan Monet de París este marzo. La temporal salió rana, pero a alguna de sus constantes se les toma afecto.





 

miércoles, 6 de julio de 2022

Óscar Fernández Orengo

Casi me la pierdo y habría sido una lástima, porque unos cuantos me han parecido rayanos a la perfección.
En Visualkorner, una tienta de revelado e impresión fotográfica (Balmes 354), hay una pequeña exposición de retratos fotográficos de Óscar Fernández Orengo, que acaba esta semana.
En este caso no se trata, como en su exposición permanente de la Filmoteca, de gente dedicada al cine, sino de artistas en general, de varios campos.


Ramón Andrés ejerciendo su actividad actual: pensar.

Frederic Amat

A José Antonio Sistiaga parece iluminarle un rayo divino.

Pescó a Pascal Comelade por sorpresa junto a ese escuálido limonero.

Me encanta este retrato de Pierre Cardin, sobre todo, por la presencia de esa mujer en su flanco.

Me encanta este retrato de Pierre Cardin, sobre todo, por la presencia de esa mujer en su flanco.
 

domingo, 3 de julio de 2022

Anna Turbau

Anna Turbau, jovencísima, en 1977 (Lokis)

Conozco a Anna Turbau, sobre todo, como compañera de Llorenç Soler. De tantos años como las fotografías de este “Anna Turbau. Galicia 1975-1979” (Consello da Cultura Galega, 2019 -2a edición, siendo la primera de 2017), que he visto en la biblioteca y me he llevado a casa para leerlo (tiene un texto, por ejemplo, de Cristina Zelich) y saborear sus fotografías.
Es decir, que la conozco de la época en la que Llorenç Soler, dirigido ahí por Salvador Tarragó, se fue a Galicia a ver las casas en forma de carromato gitano que hizo César Pórtela o a documentar “Autopista, una navallada á nosa terra”. Pero cuando la conocí me di cuenta de que era la autora de unas extraordinarias fotos de espléndidos músicos tocando en el Festival de Jazz de Barcelona, una de las cuales lucía en mi habitación desde hacía tiempo, colocada ahí por el placer (jazzístico) de su contemplación.
Son las de este libro, que recoge parte de la donación efectuada por la propia Anna Turbau al Consello, en su mayoría fotografías que reflejan una época en la que sobre todo mujeres hasta entonces sumisas llegaron a un punto máximo de aguante y salieron a la calle para, pancarta en mano o a grito pelado, intentar torcer el sesgo de los acontecimientos.Pero yo he preferido escoger fotos que hablan de duros trabajos y de unos determinados ambientes.



El hijo de un guardia civil asesinado, frente al féretro de su padre (Santiago de Compostela, 1978)

Ferrol, 1978

Mariscadoras en la ría de Noia, 1978

Y volviendo del trabajo.

Teixeira, Os Ancares, 1976-

El poblado gitano con las casas de César Portela en forma de carromato gitano. 

viernes, 1 de julio de 2022

Made In Figueres. La ciutat de la locomoció

“Made In Figueres. La ciutat de la locomoció”, quedamos, es la exposición temporal del Museu de l’Empordà.
En ella no hay sólo motos y bicicletas fabricadas en Figueres, como casi pasa en el excorxador. La exposición da pie para un planteamiento muy interesante, como es seguir la creación de un tejido industrial en Figueres, toda una red de pequeñas fábricas, varias dedicadas a hacer bicicletas y motocicletas, a la vez que ligar su aparición con toda una serie de movimientos artísticos que veían en la velocidad y la técnica un potente motor en todos los órdenes.
Vas entrando en materia leyendo panel tras panel, viendo los muy curiosos materiales expuestos… cuando, de repente, ves que se ha acabado la planta baja del museo y la exposición ya no continúa en ninguna otra sala.




Foto aérea de Figueres del 1929 (Josep Gaspar)

Bicicleta Esbelta (Gimson) para Correos (Ca 1940)

Taller de Pere Gimbernat (el que luego crearía la Gimson), en 1913.




 

Sebastián Loiacono y Albert Bover

Noche de jazz, ayer, en el Byron Milano, con el saxofonista argentino Sebastián Loiacono y el pianista Albert Bover quien, habiéndolo oído e...