jueves, 28 de febrero de 2019

Xauradó


Antecedentes -éstos de Xaudaró- del “13, rue del percebe” de Ibáñez. Los vi en la Biblioteca Nacional, en una exposición ya retirada.


 

sábado, 16 de febrero de 2019

La Biblia para agnósticos


Ya casi voy a enlazar con la siguiente sesión de “La Biblia para agnósticos” y aún me queda por referenciar dos tercios de la de Estela Ocampo sobre las imágenes de la vIda de Cristo. Tras la adoración de los magos hizo un recorrido por las muy recurrentes de La Virgen con el Niño. Casi una foto para cada referencia, con mis apuntes:
-La primera vez en que nos aparece es en las catacumbas de Priscila, en el siglo II.
-En la época bizantina, en los Theotokos, como en este icono bizantino del siglo VI, la virgen aparece entronizada y, a su vez, ella es el trono del niño
-Eso sigue pasando así en Santa Sofía de Istambul.
-En el Románico, como en Tahull, aparece en una mandorla. Representa a una Iglesia poderosa, y que acoge. Pero no presenta ninguna emotividad.
-Con el Renacimiento, como en Botticelli, en 1480, aparece por vez primera una relación afectiva entre madre e hijo.
-En 1478 Leonardo la pinta haciendo jugar al niño con una flor
-Rafael en 1505 y, sobre todo en La madona de la silla (1513) presenta a la virgen con un turbante, y podría pasar por cualquier mujer.
-Van der Weyden. 1435. Muy diferente
-Cranach el viejo. 1530. Virgen debajo de un manzano. Se quiere redimir a Eva.
-Caravaggio 1603. Retirada
-Gentilleschi 1605. Una madre, casi sin orla












 

viernes, 15 de febrero de 2019

Arte casual


¡Qué extraño: una instalación artística en el Clínico! - me he dicho.
Luego me he acercado y he constatado que era otra cosa.

 

jueves, 7 de febrero de 2019

Plensa


Ayer Ferran Barenblit, director del MACBA y comisario de la exposición sobre Jaume Plensa, tenía que guiar una visita por la misma. Como era a un grupo excesivamente numeroso, se contentó con dar una explicación introductoria en el atrio del museo (primera foto) y, con las indicaciones recibidas, nos invitó a que campáramos a nuestro aire por la exposición, lo cual también puede estar bien. Acabado su speech, de hecho, corrimos a adelantarnos al grupo para encontrar un mínimo de tranquilidad viendo las obras.
Entre las explicaciones previas, que desde los años 90, en que hubo una exposición en la Miró, no se había dedicado por aquí ninguna otra al escultor. Que la obra de Plensa la veía él llena de preguntas, binomios, con una notoria herencia ilustrada. Que utilizaba todo tipo de materiales en sus esculturas, pero que además hacía fotos y jugaba con el sonido de la vibración de los materiales. Que para la contemplación de sus esculturas, la posición y actitud del espectador es siempre clave.
Con este bagaje, a continuación la exposición me pareció muy bien planteada, sacando mucho partido a sus cosas. Hasta ahí todo perfecto.
Lo que me afeó la tarde fue el quedarme a ver (al unísono, aprovechando la existencia de subtítulos) un par de vídeos situados a la salida de la exposición, que recogen a Plensa hablando de sus obras. No hablando de cualquier forma: En uno de los monitores sí se recogían convencionalmente declaraciones suyas vertidas en su estudio, acompañadas de las de técnicos, comisarios artísticos o comunes mortales sobre su obra, pero era en un vídeo que parecía hecho por una empresa de esas que se ganan la vida vendiendo energía o seguros: “Brillant Ideas”, iba apareciendo de tanto en tanto en una pantalla con logos de colorainas. En otro monitor él estaba de pie, moviéndose por un escenario y dando una charla con el aspecto de esas espectáculo a las que parece que son aficionados los americanos que en ocasiones se ven por televisión o circulan por redes sociales. En breve: que será por esos dispositivos, será por sus declaraciones que veías exactamente repetidas en ambos monitores, el caso es que, con lo bien que había salido de la exposición, pues que se me atragantó un poco la cosa.
¿Qué pasó? Pues que no digerí demasiado bien esas declaraciones, que se me hicieron un tanto pomposas y excesivamente estudiadas con la finalidad de causar unas determinadas sensaciones. Vi que siempre sacaba a relucir una historia íntima, supuesta generadora original de lo que le llevó hasta la obra, para dar calor a lo que explica, que no deja de ser muy convencional. Me ha parecido el suyo un discurso que busca demasiado evidentemente conectar con una sensibilidad universal, de quienes no quieren que les vengan con monsergas o con complejidades: elogia entonces siempre la luz, el agua, la vida, cosas así.
La señora que tenía al lado, embutida en unos cascos que debían haberle trasmitido uno de esos conceptos, en un momento dado no pudo contenerse y se susurró a sí misma tan alto un “¡qué bonito!” que giré rápido la cabeza para mirarla: Estaba casi llorando.

La cortina con la declaración de los derechos humanos. Atravesada ésta, a la derecha, las fotografías de cocinas de Dallas y Atlanta, una propuesta conceptual que sorprende un poco en este entorno, no acabándose de entender mucho.




Frente a este gong, otro marcado, claro, con la palabra “materia”.


 

miércoles, 6 de febrero de 2019

Philip Stanton


Philip Stanton tuvo un momento dulce en Barcelona en los años 90. “El mordisco” de la calle Rosselló, el original, el que tenía su entrada por lo que había sido una tienda de pararrayos con su magnífico letrero con dibujo de cristal, decoró sus paredes con esos bodegones suyos llenos de colores y frutas y sus pinturas e ilustraciones se popularizaron un montón.
Bastantes años después, en 2013, en una jornada primaveral de esas en las que los artistas abren sus talleres a quienes quienes quieran curiosear un poco, nos centramos en Sarriá y fuimos a su taller. Le compramos un libro que había ilustrado, o uno antiguo con ilustraciones que tenía medio de saldo, ahora no recuerdo. Estuvimos charlando un poco, descubrimos que era un tío muy simpático y hasta nos regaló el dibujo que cuelgo, de “La bola del mundo”. Claro que no tiene ni los colores ni ese mínimo cubismo que caracteriza sus cosas, como las que ahora presenta (hasta este sábado) en la Galería Jordi Barnadas. Porque no he mirado de qué fechas son los cuadros que se exhiben, pero si no son los mismos de entonces, no han variado mucho, para bien o para mal.



 

Wallace Collection


Un par de tentaciones de esas que van asaltándole a uno cada día, retratadas tal cual en la Wallace Collection de Londres.


 

domingo, 3 de febrero de 2019

Vida o teatro (Charlotte Salomon)

Los personajes principales.

Cuando ya sólo quedan un par de semanas para que la cierren he visto por fin la exposición sobre “¿Vida o teatro”, de Charlotte Salomon.
El domingo primero de mes tiene la ventaja de que la entrada a todas las dependencias y exposiciones del Monasterio de Pedralbes son gratuitas, pero el inconveniente de que se llena, por lo que hemos ido a primerísima hora, cuando abrían. Hay gente para todo y ya estaba muy lleno (si bien sin limitar la entrada, como más tarde), pero ha ido bien para hacer una primera exploración guiados por un responsable del centro que lo ha hecho muy bien.
Con esa idea general de qué representaban luego podías, con relativa tranquilidad por lo de la afluencia, que ha ido creciendo y ya era la máxima permitida en las salas, adentrarte tú dibujo a dibujo. En el monasterio están asombrados de lo bien que ha ido la exposición y la cantidad de público que acude, por lo que recomiendo programar la visita para un horario tranquilo.
Más tarde, en la cola para ver la Capilla de Sant Miquel, un señor le decía con aires de suficiencia a su mujer que lo interesante era la historia (la de esa chica judía, de una familia burguesa con tendencia a los suicidios, liberada de sus fantasmas por el canto y la pintura, que acabó sus días en Auschwitz, tras haber hecho esta obra que se expone, que resume todas las enormes cuitas y unos cuantos de los gozos vividos), que las pinturas no le habían gustado nada.
No estoy en absoluto de acuerdo. Al margen de su sentido de planificación, tan cinematográfico, algunos de sus gouaches me parecen, además de enormemente emocionantes, excepcionales.

Ella en sus escarceos artísticos.

La secuencia de la boda de sus padres, en tres tiempos.

Su madre le promete que, cuando muera, le enviará una carta explicándole cómo va ahí la cosa.

Su madre se suicida arrojándose por una ventana. El día en que la entierran, ella se queda en casa con sus abuelos.

Finalmente le llevan a ver la tumba de su madre. Le lleva una carta reclamándole esa carta suya que prometió escribirle y que no ha recibido.

En el lavabo de su casa, con sus dudas existenciales.

Cantando “L’amour est un oiseau rebelle”, de “Carmen”.

Previamente, dos imágenes para explicar el suicidio de su madre.

Sus amoríos con el profesor de canto.

La noche de los cristales rotos.

Una cena de despedida. Cada familia judía intentaba irse a donde creía podría vivir seguro.

Decisiones, huidas...
 

Sebastián Loiacono y Albert Bover

Noche de jazz, ayer, en el Byron Milano, con el saxofonista argentino Sebastián Loiacono y el pianista Albert Bover quien, habiéndolo oído e...