lunes, 21 de octubre de 2024

Museo Vasco y de la Historia de Bayona


Como dije, el Museo Vasco y de la Historia de Bayona está nutrido de una obra muy variada. Mucha, evidentemente, de temática “vasca”.




Me hizo gracia el autorretrato que se hizo un pintor local.

Y el mundo de los diablillos, que siempre asoma.
 

domingo, 20 de octubre de 2024

Museo Vasco y de la Historia de Bayona


En el Museo Vasco y de la Historia de Bayona, repleto de mucha cosa variada, hay nada más entrar una serie de pinturas con temas de aspecto bastante grotesco, con brujas que confraternizan con personajes muy terrestres, de esos que diría gustan al escritor Miguel Sánchez-Ostiz.







 

jueves, 10 de octubre de 2024

Chillida - Leku

En el pabellón de la cafetería de Chillida Leku, unas cuantas fotos que me parecieron de interé




 

martes, 8 de octubre de 2024

De Pedra


Es lo que pasa cuando vas a una exposición sin haber leído nada (operación que cubres al día siguiente, ya en casa, leyendo la hoja explicativa que encontramos en el vestíbulo) y entras en plan virgen en la sala cuando das con ella camuflada detrás de una cortina, tras haber pensado un buen rato que, como en la web no quedaba muy claro, ya la has vuelto a pifiar y los lunes estaba cerrado.
Me esperaba que “De Pedra”, la exposición de Mònica Rosselló y Jordi Guillumet en la Casa Elizalde (hasta final de octubre) fuese una exposición de fotografías, como suele pasar, enmarcadas y colgadas por las paredes. Nada de eso. Entras en la sala, que se corresponde con la gran pieza del principal de la Casa Elizalde, con vistas a su jardín posterior, y te encuentras con todas las persianas cerradas, paredes desnudas y blancas y, cruzados en diagonal, partiendo en dos la sala dos sabanones/pantallas, en los que unos aparatos situados en las esquinas proyectan imágenes.
Vimos un providencial banco en un extremo y, entiéndasenos, como fuimos a pie desde casa, un poco cansados, nos dirigimos raudos a contemplar las fotos proyectadas desde ahí.
Cada salto de proyección hace surgir una nueva pareja de grandes imágenes proyectadas, una al lado de otra, y el carrusel va dando vueltas, ofreciendo parejas de imágenes sucesivas todo el rato, que es, hasta volver al punto de arranque, bastante rato.
De hecho, una imagen se proyecta desde un lado de la habitación y su pareja desde el otro. No fue hasta bien pasado un tiempo -y por tanto bastantes imágenes- que vimos que al menos una de las fotografías proyectadas la estábamos viendo del revés. Cuando descubrimos que eran las dos las que veíamos del revés, ya casi completado el círculo de la proyección, nos dirigimos a la otra punta de la habitación, para verlas por su envés. Allí nos esperaba otro banco, pero como en él no se estaba tan cómodo, porque no se tenia entonces un ángulo tan frontal de proyección y porque, situado en el punto mejor de observación, el aparato proyector te enviaba todo el molesto aire caliente de su sistema de de refrigeración, nos fuimos, encontrando y llevándonos antes la hoja explicativa de marras.
¿Qué fuimos antes deduciendo que estábamos viendo? Una especie de juego, que se renovaba con cada pareja de imágenes. Entre las dos había una cierta relación, que en ocasiones costaba encontrar. Muchas veces la relación la establecías con la forma predominante visible en cada foto individual, en otras, por el material retratado, y así. Se puede obtener una idea a partir de las fotos que hice de unas cuantas imágenes a las que había visto una relación desde la posición sentada y alejada mencionada.
¿Que decía el papel que he leído hoy? Pues más o menos eso, que “se proyectan una serie de imágenes relacionadas, que el espectador puede vincular con su propia historia”. Pero resulta que había algo más que, al no haber coincidido con más visitantes que pudieran haber hecho bulto por ahí, al no haber nadie explicando nada, al estar nosotros quietos, descansando del trayecto en nuestro banco, no vimos ni por asomo: “El espectador, dentro de la instalación, deja su impronta, pero no sólo recibiendo las imágenes, sino, en un maravilloso giro instalativo, dejando también su huella sobre la pantalla gracias al tratamiento fotoluminiscente que guarda memoria de las formas que se proyectan en ella (…).
Sí, sería entonces redoblada la sensación de que todo depende del espectador, pero vaya, yo creo que lo principal es eso de ver las imágenes, hacer el ejercicio de relacionarlas, y con eso ya sales bien de la sala.
Al salir, junto al papel que nos llevamos, el anuncio de visita guiada que indica la última foto que cuelgo. Quizás, si lo hubiera sabido antes, habría sido la ocasión. No podré volver ese miércoles, pero por si alguien se anima, su gran oportunidad para no hacer el ejercicio parcial al que nos dedicamos nosotros, y gozar de los comentarios introductorios de los propios autores.












 

lunes, 7 de octubre de 2024

Murgur Varzariu


Del trabajo de Murgur Varzariu documentando la existencia de unas comunidades gitanas (rom) en Rumania y su vida, destaco estas dos fotos. En la primera vemos a una niña ante la tapia que se está construyendo para aislar su barrio. En la segunda, los restos de un barrio ya derribado.
Ambas se podían ver en el Couvent des Minimes, en la Visa pour l’image del pasado mes.


 

Sebastián Loiacono y Albert Bover

Noche de jazz, ayer, en el Byron Milano, con el saxofonista argentino Sebastián Loiacono y el pianista Albert Bover quien, habiéndolo oído e...