sábado, 29 de agosto de 2020

Jeff Cowen


Pómulos altos, un cierto misterio sobre lo que se cuece en esta cabeza. Tengo la cartulina con este perfil reposando en mi estantería. Corresponde al anuncio que hizo (hay que conjugar estas acciones ya en pasado, pues ese tipo de correo ha desaparecido casi por completo) la Galería A/34 sobre una exposición de Jeff Cowen en el 2008.
Ahora he visto el catálogo de esa exposición a la que no fui (vi allí y me llevé la cartulina en una posterior) en la biblioteca y me lo he llevado para casa.
Es de un formato muy amplio, casi un DIN A-3. En portada, el atractivo perfil. Dentro, otras imágenes que en general también provocan esa sensación. Las que más, para mi gusto, son también retratos, muy incisivos. Otras con un halo de misterio, unas pocas jugando con el encuadre y la disposición de personajes.
También hay algún desnudo, en general vaporoso, pero como en mi perfil de Facebook me recuerdan constantemente que he delinquido y añaden una advertencia que explica que a la próxima se van a materializar una serie de amenazas sobre mi y los gestores de la cosa se revelan continuamente tan cenutrios al respecto, pues, débil de espíritu, me he autocensurado.





 

viernes, 14 de agosto de 2020

Eduardo Masferré

Por mi mala cabeza... no me hice guardia civil, pero me perdí ayer la exposición del Picasso. Había quedado para ir a verla, aprovechando la doble circunstancia de que los jueves por la tarde es gratuito y apenas hay turistas por Barcelona, dando un paseo luego por la permanente. Craso error: Llegué antes, vi un grupito como de una familia delante de la puerta, pero creí que estaban esperando a más gente. Resulta que hay acceso limitado a un grupito de quince cada no sé cuánto y siendo día gratuito, estaba todo ya reservado por internet y completo.
En compensación, vimos -también gratuita- la del museo de enfrente, el Etnológico y de Culturas del Pueblo: fotografías de Eduardo Masferré sobre los indígenas de una cordillera de la isla de Luzón alrededor de 1950.
Daba la impresión de que esa muy poquita cosa, pero alcanza mucho más que lo esperado y la han vestido además con algún objeto del museo bien interesante.
En los pies de foto, alguna información adicional sobre el singular fotógrafo -un caso, desde luego, singular-, sus escenarios y la misma exposición.


Esta fotografía que tapa el lateral de la vitrina que constituye casi toda la exposición ya es, en mi opinión, un buen elemento para disponerse a favor de ella. La mirada del protagonista hacia la cámara, el dedo profesional del que tiene a su derecha, la mirada divertida del otro...

No sé si se verá suficientemente en la foto, porque tuve que ladear enormemente la tableta para que no salieran reflejos. Masferré había nacido en Manila a principio del siglo XX. Soldado, fue a vivir a una misión en la cordillera del norte de la isla de Luzón, al pueblo objeto de sus fotografías, donde se casó con una indígena, con la que tupo dos hijos mulatos... De ahí la facilidad para hacer estas fotos, nada comunes. En un audiovisual el comisario explica todas estas cosas.

Ahora veo que no hice otra foto de una chica con unas seis vasijas en su cabeza, una encima de otra. Todas las chicas jóvenes que aparecen son de una belleza y simpatía increíble. Elementos como la interesante vasija de abajo a la derecha completan la visión.


Utilizando el zoom de la tableta, cosa a evitar siempre que se pueda, porque no funciona muy cristianamente, una divertida pipa de la colección del museo. 

miércoles, 12 de agosto de 2020

Eugène Atget


Un detalle sobre Eugène Atget sacado del librito escrito por Robert Doineau que comenté.
Como Atget en toda su larga serie sobre París, Doisneau comenta haber llevado colgada un tiempo, cogida por una correa a la espalda, una bolsa que contenía “una cámara 18x24, una docena de chasis cargados de placas de vidrio, encajados por el velo negro enrollado en una bola alrededor de un estuche de objetivos, a lo que añadir, como contrapeso y para lograr una cierta simetría, el trípode de madera”.
Y aquí viene la frase extraordinaria, la metáfora tan visual, que te hace notar la responsabilidad en la naturaleza y características de las fotografias que de esa forma se hacían:
“El equipo era tan pesado que la elección del punto de vista comportaba gestos parecidos a los del marinero echando el ancla.”



 

sábado, 8 de agosto de 2020

Daido Moriyama

En un vídeo en el que Daido Moriyama dirige (primera foto) unas palabras para presentar su exposición en Foto Colectania (“Daido Moriyama. A diary”, hasta el 4 de octubre: revisar bien antes de ir porque ayer por la web me pareció que la semana que viene estaba cerrada por vacaciones, cosa que ahora no veo por ninguna parte), dice que le parece estupenda, y muy bien eso de haber seleccionado y mezclado fotografías suyas de aquí y allá, sin importar cuando fueron hechas.
Oído eso, sólo queda decir que lo mío es una opinión personal, ya se ve que totalmente desautorizada, y más sí confieso que fue ayer cuando me enteré que Moriyama estaba residía en el Olimpo de la fotografía, pues no lo reconocía ni como fotógrafo. Pero me quedo más tranquilo si lo digo, por lo que allá voy: Esta forma de mezclar fotografías sin que se distinga entre ellas más relación que no sea su contraste, e incluso más, mostrar detalles gigantescos de una fotografía para llamar la atención junto a fotos relativamente pequeñas, unas en color, otras en blanco y negro... no me acaba de satisfacer. Salgo de la sala, después de haberla recorrido varias veces, abierta la mente, francamente decepcionado, pensando que podía haber dado mucho más de sí.
Me explico. Sí que había diferentes fotografías que ofrecían ciertas sensaciones homogéneas: por ejemplo la piel de gallina por el omoplato de una chica en una gran foto en color, el cuero gastado de un sillón de otra en blanco y negro y alguna más. Pero no estaban juntas, sino revueltas con otras que realmente parecían no venir a cuento (entiéndaseme: que yo no les supe ver relación más allá de una autoría de un fotógrafo que luego, en la exposición de libros -alguna edición de una apariencia magnífica- de las vitrinas que llevan a la biblioteca, ves que sí ha hecho colecciones homogéneas de fotografías, dedicadas a un tema concreto).
Por otro lado, sí que el ojo de ese caballo te llega a lo más hondo, como los cabellos cubriendo desordenadamente la espalda de esa chica pueden acercar todo un mundo sensual muy persuasivo, pero quizás, profundizando solo en dos o tres de estos temas suyos me habría llevado una mejor impresión de la real categoría del fotógrafo.
Y la sensación de diario, la verdad, no me la dio -confusas cartelas a parte- en ningún momento.


Moriyama, en el vídeo de presentación que ha hecho para la exposición de Foto Colectania. Junto a él se pasa también el resultado de una entrevista que resulta muy interesante.

El ojo del pobre caballo...

Y los cabellos recorriendo la espalda.

Hice una foto similar, para dar a entender la forma de la exposición, mezclando imágenes de todo tipo, pero no me salió. Ésta la he sacado por la red y corresponde a EGM.

Ganas de ver, por ejemplo, ese librito con fotografías de Marrakech, que parece tan bien editado.
 

lunes, 3 de agosto de 2020

Jose Luis Borges en Buenos Aires (Sara Facio)


Debe ser difícil hacer una foto a un ciego. Si en un retrato fotográfico lo definitivo suele ser la mirada del retratado, en el de un ciego todo el mundo comprenderá y casi buscará esa mirada extraviada, pero si es excesiva algo interiormente puede llevar al rechazo.
Tras Cortázar, Borges. Sara Facio publicó este libro en su colección de la editorial La Azotea en 2013, como también hizo, además de con Cortázar, con Neruda o Victoria Ocampo.
Retrató al escritor en la Biblioteca Nacional, en su casa de Maipú y otras de Buenos Aires, pero a esos retratos acompañan en el libro imágenes de un Buenos Aires evocado por Borges. Me gusta especialmente, entre éstas, la que he escaneado.


 

domingo, 2 de agosto de 2020

Viudas e hijos de Roque Enroll


En el muro de un solar de Buenos Aires me encontré, en octubre/noviembre de 2018, este cartel. No sabia ni que correspondía a un grupo musical, pero me hizo gracia su aire voluntariamente camp.
He visto ahora unos cuantos vídeos y puedo decir que no me gustan sus canciones. Pero esta actuación en vivo con su público está graciosa:

 

Sara Facio


Sara Facio hizo a lo largo de su carrera las fotografías de una serie de libros en los que Julio Cortázar escribió el texto, como “Buenos Aires, Buenos Aires” (1968). Para preparar éste y otros libros, se reunió con él en su casa del momento y allí, en alguna ocasión, pese a la advertencia de Julio (“No te va a salir, mirá que la luz es insuficiente, lo conozco bien”), como quien no quiere la cosa, disparó el obturador de su cámara.
En este libro de una colección dirigida por la misma Sara Facio para la editorial La Azotea (primera edición 2004, primera reimpresión 2009), que ahora sacó de la estantería de “pendientes”, recoge principalmente buena parte del producto de esas acciones, como la fotografía que cuelgo, así como la fotografía -también suya- de quizás más circulación del escritor, pitillo en la boca a lo Humphrey Bogart, utilizada muchas veces para las solapas de sus libros y para la portada de éste.


 

Sebastián Loiacono y Albert Bover

Noche de jazz, ayer, en el Byron Milano, con el saxofonista argentino Sebastián Loiacono y el pianista Albert Bover quien, habiéndolo oído e...