lunes, 30 de septiembre de 2019

Més enllà de les trinxeres (1936-1939). Fotografies d’Alec Wainman

Había quedado en la librería del Museo de Historia de Cataluña, por lo que salí rápido de la Escuela Naval. La sorpresa es que la librería estaba cerrada.
- Definitivamente- me informaron los de la taquilla a mi pregunta.
El MHC quedará reservado, pues, para grupos enormes de escolares que, como los que recibieron el viernes una bronca preventiva por parte de su profesora, invaden sus exposiciones.
Pero, por suerte, eso es para las exposiciones de pago, que no para las más modestas de fotografías de la planta baja, de libre acceso, como es el caso de
“Més enllà de les trinxeres (1936-1939). Fotografies d’Alec Wainman”, que estará hasta el 3 de noviembre.
Sú título resulta algo engañoso, porque aunque ya avise de que va de “más allá de las trincheras”, lo que se te queda es que “va de la guerra civil” y, pese a tratarse de un fotógrafo extranjero que siguió toda la contienda, de trincheras no se ve ni una.
Son fotografías -magníficas e inéditas- de Barcelona y otros lados de Cataluña durante la guerra civil. La exposición -véase la muestra que saqué- me parece muy interesante por doble motivo: por la calidad de las fotografías en sí y por lo muy informativas que resultan. Y eso pese a cierto tono de los escritos de presentación, que detecté que, por una manía muy propia de estos lares, iban de sobrados.


Un retrato de Alec Wainman de la época.

El Hotel Colón con los retratos de Lenin y Stalin

La -risible- instrucción militar de urgencia.

Otro tomándose en serio lo que llamaban “instrucción militar básica”, que se ve que consistía en hacer la posición de firmes y descanso y jugar un poco como si fuera llevando una pistola o un Mauser.

He perseguido bastantes veces, y me han sido esquivas, fotografías de este edifico del PSUC.

¡Qué igualados se ven los edificios del Eixample!

La playa de Tossa de Mar, con las redes de los pescadores extendidas por toda su superficie.

La visión de Tossa de Mar y la serpenteante carretera que conduce a Lloret.

El pintor Joaquim Mir en su casa.
 

sábado, 28 de septiembre de 2019

Renau. El combat per una cultura

De su primera época.

El recorrido de ayer por la parte baja de Barcelona me llevó nada menos que a entrar en el Born, Centre de Cultura i Memòria. No era para ver imágenes de ese “Barcelona 1714” que está ahora por los cines -hay gente para todo- ni nada parecido. De hecho ya iba oyendo desde hace un tiempo que se van haciendo últimamente en el Born exposiciones de gran interés, en las que éste no reside precisamente en la cosa patriótica que envolvió el Centro cuando lo dirigía el que luego pasó a ostentar un cargo gordo en la Plaza de Sant Jaume.
Tenía apuntado que la exposición “Renau. El combat per una cultura” acababa a final de este mes, esto es, ya. Pero veo que estará ahí hasta mitad del mes que viene. Es, creo, una producción del IVAM y da una idea muy clara, en mi opinión, sobre la evolución de Renau como cartelista (a mi, la verdad, no me resultó mucho lo que exhiben de su pintura) y amo y señor del fotomontaje crítico, desde sus carteles art déco y de cine iniciales, pasando por los de propaganda social y política durante la República y guerra civil, y todo el recorrido posterior de maestro del collage con intención de sátira sobre la sociedad capitalista.
Una gran línea del tiempo en un pasillo va dando cuenta de los grandes acontecimientos del mundo y de la actividad de Renau, mientras que en las cinco o seis salas a los que el pasillo da acceso se muestran ejemplos de toda su obra (ver las dos fotos que hice clandestinamente).
Es difícil ver hoy en día a alguien tan convencido de sus ideas comunistas (que le llevaron a emigrar de Estados Unidos nada menos que a la República Democrática Alemana) y de tanto peso como él en su terreno artístico...


Siempre el contraste en su “American way of life”.

Debe ser de los que montó imágenes más explosivas sobre la guerra del Vietnam.

El cartel de la exposición, confirmando la autoría del IVAM.

El largo pasillo que circunda las salas, con su línea del tiempo.

Y una de las salas a las que va dando entrada.

Al final, pese a la buena experiencia, al haber visto parte del monstruo del Centre del Born y todo lo que se ha hecho, para darle énfasis, a su alrededor, una mirada nostálgica, al final de la calle al edificio, que ahora aparenta, al ponerlo en comparación, del Metrónomo, ese pionero de iniciativa privada tan interesante que fracasó. Aun, sí se hace zoom en la foto pueden verse las letras en su fachada: METRONOM.
 

miércoles, 25 de septiembre de 2019

Leopoldo Pomés

Manolo Laguillo, Xavier Más de Xaxàs (con el micro) y Eduardo Mendoza ante una de las primeras fotos de Leopoldo Pomés. Foto que, por cierto, puso como portada en el primer y único número de Grúa, la revista del Cineclub Universitario de, creo 1957.


Como expliqué por aquí hubo este verano, una semana después de su muerte, una recepción familiar en los velatorios del cementerio de Sant Gervasi. Pero tampoco era aquél el espacio idóneo para que la gente se pusiera a hablar, públicamente, de los rasgos divertidos o más característicos de Leopoldo Pomés. Algo así debieron pensar algunos allegados y de resultas de eso anunciaron para hoy un homenaje bastante informal en Foto Colectania.
En aquella ocasión también escribí sobre ese comentario que un día me hizo de que a él no le costaba nada -con lo difícil que lo tenemos otros- reunir a doscientas personas. Hoy hemos tenido ocasión de confirmarlo una vez más, aunque no se haya tratado de un acto de esos ampliamente difundido. Me he despistado un momento y cuando me he dado cuenta ya todo el mundo había cogido unas sillas, salidas de no sé muy bien dónde, y copado todo el espacio cercano a donde iban a situarte los que se había anunciado iban a decir algo. Resultado: que habrá que conformarse con estas fotos que he sacado desde la distancia y con la sala a oscuras, una sala que ha ido llenándose más y más...
El primero en hablar ha sido Eduardo Mendoza, que se ha referido un poco -como hizo en su artículo periodístico reciente de recuerdo, a la exposición Pomés que montó como comisario en el Palau de la Virreina y luego ha brindado su opinión sobre lo que definía a Leopoldo Pomés y a otros -pocos, especiales- catalanes: aunaba las cualidades de artista y buen empresario. Ha acabado con una frase que me parece tiene más de deseo que de completa realidad, pero que como suena bien, la transcribo aquí: como todos los grandes artistas, deja herederos, no huérfanos.
Manolo Laguillo ha escogido tres fotos de las de su libro de los años 50, que son las que saco (mal, de lejos) por aquí. En los pies de las fotos (que ha colocado en un orden muy preciso, desde un primerísimo plano que casi se come a la cámara en la del metro hasta, cogiendo distanciación, la de las Ramblas) escribo lo que ha comentado, que me ha parecido muy interesante.
El tercero en intervenir ha sido Xavier Mas de Xaxàs. Primero ha señalado no haber sido amigo suyo, puesto que lo conoció, siempre mayor, como amigo de su hijo Poldo. Aún así ha recordado alguna de las cosas que explicaba que lo hacían un maestro en eso del bien vivir -como ese cóctel que se fue a tomar, como un dandy, a la plaza Urquinaona a los 14 años- para acabar dando información interesante, de primera mano (producto de su estancia en la casa de Fontclara), sobre ciertas aficiones culinarias suyas, como la tortilla con pan con tomate o las berenjenas quemadas, pero también sobre esa afición suya a ver pasar los aviones. A saber qué se debía imaginar sobre la gente que volaba en ellos.
Al ofrecer el micrófono al publico han surgido unas cuantas declaraciones variadas, y entre ellas una divertida, con su tono habitual, imitando su voz, de Gabino Diego (que después de hablar de modelos y tortillas ha recalcado eso de que le gustaban las fotos “que no se me terminen”) y otra de Óscar Tusquets, de la que también hablo en el correspondiente pie de foto.
Yo creo que habrán, por suerte, bastantes ocasiones más de éstas para seguir recordando a Leopoldo Pomés.

Manolo Laguillo hablando de esta foto -que ha definido como “autentico disparate”- como una de esas “que no se acaban”. Dice que la primera intención de Pomés era ponerla como portada del libro.

Manolo Laguillo ha escogido a continuación una segunda foto alejando algo su foco de atención, aquí esa señora con las que pueden ser sus hijas, y nos ha hecho observar la habilidad de Pomés para dejar que los globos que llevan todas ellas queden fuera, por arriba de la fotografía.

Tercera y última fotografía seleccionada por Laguillo. Un plano general, mucho más alejado, en las Ramblas. Pero -nos señala- ¿qué hace ahí en medio, en una foto sobre Barcelona, Karin? Eso, ha concluido, abre la fotografía, haciéndola mucho más rica.

“Soy Oscar Tusquets, superviviente. Seguramente uno de los amigos de hace más tiempo de Leopoldo Pomés. Siempre me he preguntado qué tenía, porque hacía cosas que no estaban muy bien, como todos, era perezoso, etc... Así que ¿qué tenía? Yo creo que lo que tenia es ojo. Recuerdo haber entrado con él a una farmacia, donde una señora nos sirvió unos medicamentos. Al salir, me dice:
-¿Te has fijado?
-¿En qué?
- En la mujer de la farmacia, que tiene su qué...
- ¡Pero qué dices, hombre!
- Sí, sí. Piensa: Con esas gafas mariposa.. Imagínatela haciéndote una felación...
Nunca pude volver a la farmacia sin imaginármela tal como la había visto el ojo de Leopoldo.”
 

domingo, 22 de septiembre de 2019

Antoni Fabrés


Aunque suponga luego aprecio desigual para unas y otras de sus obras, creo que hacer exposiciones como ésta de Antoni Fabrés que acaba la semana que viene es, realmente, algo obligado para el MNAC. Obligado y de agradecer. Se trata de escoger un artista con obras en la casa, conocido ma non troppo, analizarlo a conciencia, como producto de ese análisis seleccionar cuáles de sus obras exponer y proponerlas agrupadas y ordenadas a un visitante que no solo pasará a considerarlo a partir de entonces como artista sino que también podrá colocar una pieza más en su particular puzzle sobre nuestra pintura.
Quizás me haya faltado hacer alguna foto y colgar aquí alguna de sus obras de tema oriental/africano, al estilo Fortuny o Tapiró, pero vaya.





 

jueves, 19 de septiembre de 2019

Sean Scully en Chateau la Coste

Dos nuevas y notables piezas que pueden contemplarse en Chateau la Coste, en la Provenza francesa. En este caso se trata de un par de obras de Sean Scully. Ambas son relativamente parecidas, pero de materiales totalmente diferentes. Una de ellas, un apilotonamiento de piedras de colores cambiantes, la otra un entrecruzamiento de tubos de acero corten.

La mole de Sean Scully. Bloques de piedra de cantera de diferentes colores, pero que también cambian de aspecto y color según sea la incidencia en ellos de la luz.

Al fondo se puede observar un despropósito marca de Frank Gehry marca de la casa. Se trata de un auditorio (no lejano en su idea al del Millenium de Chicago). Los materiales -sobre todo la materia- se ha deteriorado rápidamente y no saben muy bien cómo actuar para frenar el destrozo.

La otra obra, de acero corten. Como pasa en todas las obras de Chateau la Coste, se pueden tocar, penetrar, jugar con ellas. Dicen que entrando en ese amasijo de hierros, pero que presentan un cierto orden, se puede divisar la naturaleza circundante como si se tratase de diferentes cuadros de paisaje.
 

domingo, 8 de septiembre de 2019

Louis Palu

Mientras nos vamos fijando en otros puntos de fricción, en el Ártico (y también y más terrible en la Antártida, aunque eso no es en este caso el tema) se agudiza la presencia militar de los países con interés en la zona. En el Visa pour l’image presentan una colección de fotos, efectuadas para el National Geographic por Louis Palu, quien rastrea las huellas de esa progresiva intervención.



Entrenamientos de supervivencia.

Observando los restos de un avión estrellado.
 

sábado, 7 de septiembre de 2019

Peter Brook


Solo para contradecirme un poco, estoy leyendo con retraso unos cuantos números de este verano de “Les Inrockuptibles” y están resultando realmente sabrosos. En el aparecido el 36 de junio, por ejemplo, hay una magnífica entrevista de Patrick Sourd (que no me suena de nada) a Peter Brook, a sus activos 94 años, repasando toda su carrera. En la entrevista Peter Brook habla, entre otras cosas, de:
-La esencia del teatro: “Me gusta poner el ejemplo de los náufragos en una isla desierta. Si son dos, no habrá nunca teatro sino un parlamento, pues cada uno se mantendrá debatiendo sus certitudes y acabarán disputando. En cambio, si los náufragos son tres, todo es posible. Pueden representar situaciones entre dos y el hecho de que haya un tercero que mira posibilita la existencia de teatro.
Y otra: “Todo lo aprendí de mis dos hijos, cuando eran pequeños y yo les leía cuentos al acostarlos. Adoraba el momento ese en el que marcaba un tiempo de parada y me pedían continuar.”
-Su decisión de dedicarse al teatro: “Amar Shakespeare o Mozart a la edad de 12 años era algo, pero sabía que me sería imposible alcanzar su altura. Había un campo que me atraía más que los otros, aquel desde el que se puede ayudar a entenderlos. Igual que hay personas que ayudan a nacer a un bebé, me dije que podía ayudar a darlos a conocer a través de la capacidad que tenía de encarnar sus obras en un escenario.
-La obra que estaba preparando en su Les Bouffes du Nord, “Why?, sobre Vsevolod Meyerhoff, el director teatral soviético, un “mártir del teatro”, pues fue condenado a muerte por Stalin.
Y acaba con dos frases:
-El diablo es el aburrimiento
...y ésta otra que suscribo totalmente, que atribuye a Amadou Hampâté Bâ: “No es serio ser demasiado serio”.

(En la foto, Marie-Heléne Estienne y Peter Brook en el teatro de les Bouffes du Nord, en foto de Pascal Víctor. 

In God We Trust (Cyril Abad)







Se dice que va a volver un “Drive-in” a Barcelona. Espero que sea un cine y no esto.

Es un descanso de tanta visión de penalidades sufridas por migrantes que huyen porque su vida peligra, de espacios rebosantes de basuras que van invadiéndolo todo, de conflictos bélicos o sociales. Te echas unas risas y tienes entonces arrestos como para seguir con otra ración. Pero si lo piensas un poco, te deja ver lo chaveta que se ha vuelto el ciudadano medio de este mundo.
Cyril Abad presenta en el XXXI Festival Internacional de Periodismo, el “Visa pour l’image” de Perpignan, su “In God We Trust”, un recorrido por unas cuantas iglesias evangélicas norteamericanas, a cada cual más extravagante.
Hay quien ha fundado un drive-in en el que seguir la misa desde el coche, quien lleva una pequeña capilla por todo el país para casar a parejas (adaptándose a la variante religiosa que sea), hay quien ha creado una enorme iglesia reproduciendo “exactamente” el arca de Noé, quienes como buenos seguidores del creacionismo hacen lecturas literales de la Biblia, donde está -predican- la única verdad. Hasta hay quienes han construido un parque temático que reproduce toda la pasión de Jesucristo.
Ils sont fous ces...

Te hace fijar la cartela en que hacen el pan bien grande, para que se vea de lejos.


Este parque temático de tanto éxito presenta escenas con un Jesús bien ensangrentado.

La capilla desplazándose para oficiar una boda.


 

jueves, 5 de septiembre de 2019

Ed Jones

En el metro de Pyongyang.

Aunque ahora parece que se están abriendo a formas occidentales, pues inauguran parques temáticos y empiezan a llevar trajes de colores y hechuras modernas (es para echarse a temblar, pensar en lo que define desde lejos a Occidente y les resulta realmente significativo y atractivo, hasta significar la cuña para la introducción de sus ideas), aún debe resultar interesante visitar ahora Corea del Norte o, por lo menos, Pyongyang.
El fotógrafo Ed Jones lo hizo varias veces y se trajo desde allá unas cuantas fotografías, que ahora se exponen en el Festival Visa pour l’Image de Perpignan.
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La moda actual: los parques acuáticos.


Pero siguen las paradas en honor del líder.
 

Sebastián Loiacono y Albert Bover

Noche de jazz, ayer, en el Byron Milano, con el saxofonista argentino Sebastián Loiacono y el pianista Albert Bover quien, habiéndolo oído e...