Manolo Laguillo, Xavier Más de Xaxàs (con el micro) y Eduardo Mendoza ante una de las primeras fotos de Leopoldo Pomés. Foto que, por cierto, puso como portada en el primer y único número de Grúa, la revista del Cineclub Universitario de, creo 1957.
Como expliqué por aquí hubo este verano, una semana después de su muerte, una recepción familiar en los velatorios del cementerio de Sant Gervasi. Pero tampoco era aquél el espacio idóneo para que la gente se pusiera a hablar, públicamente, de los rasgos divertidos o más característicos de Leopoldo Pomés. Algo así debieron pensar algunos allegados y de resultas de eso anunciaron para hoy un homenaje bastante informal en Foto Colectania.
En aquella ocasión también escribí sobre ese comentario que un día me hizo de que a él no le costaba nada -con lo difícil que lo tenemos otros- reunir a doscientas personas. Hoy hemos tenido ocasión de confirmarlo una vez más, aunque no se haya tratado de un acto de esos ampliamente difundido. Me he despistado un momento y cuando me he dado cuenta ya todo el mundo había cogido unas sillas, salidas de no sé muy bien dónde, y copado todo el espacio cercano a donde iban a situarte los que se había anunciado iban a decir algo. Resultado: que habrá que conformarse con estas fotos que he sacado desde la distancia y con la sala a oscuras, una sala que ha ido llenándose más y más...
El primero en hablar ha sido Eduardo Mendoza, que se ha referido un poco -como hizo en su artículo periodístico reciente de recuerdo, a la exposición Pomés que montó como comisario en el Palau de la Virreina y luego ha brindado su opinión sobre lo que definía a Leopoldo Pomés y a otros -pocos, especiales- catalanes: aunaba las cualidades de artista y buen empresario. Ha acabado con una frase que me parece tiene más de deseo que de completa realidad, pero que como suena bien, la transcribo aquí: como todos los grandes artistas, deja herederos, no huérfanos.
Manolo Laguillo ha escogido tres fotos de las de su libro de los años 50, que son las que saco (mal, de lejos) por aquí. En los pies de las fotos (que ha colocado en un orden muy preciso, desde un primerísimo plano que casi se come a la cámara en la del metro hasta, cogiendo distanciación, la de las Ramblas) escribo lo que ha comentado, que me ha parecido muy interesante.
El tercero en intervenir ha sido Xavier Mas de Xaxàs. Primero ha señalado no haber sido amigo suyo, puesto que lo conoció, siempre mayor, como amigo de su hijo Poldo. Aún así ha recordado alguna de las cosas que explicaba que lo hacían un maestro en eso del bien vivir -como ese cóctel que se fue a tomar, como un dandy, a la plaza Urquinaona a los 14 años- para acabar dando información interesante, de primera mano (producto de su estancia en la casa de Fontclara), sobre ciertas aficiones culinarias suyas, como la tortilla con pan con tomate o las berenjenas quemadas, pero también sobre esa afición suya a ver pasar los aviones. A saber qué se debía imaginar sobre la gente que volaba en ellos.
Al ofrecer el micrófono al publico han surgido unas cuantas declaraciones variadas, y entre ellas una divertida, con su tono habitual, imitando su voz, de Gabino Diego (que después de hablar de modelos y tortillas ha recalcado eso de que le gustaban las fotos “que no se me terminen”) y otra de Óscar Tusquets, de la que también hablo en el correspondiente pie de foto.
Yo creo que habrán, por suerte, bastantes ocasiones más de éstas para seguir recordando a Leopoldo Pomés.
Manolo Laguillo hablando de esta foto -que ha definido como “autentico disparate”- como una de esas “que no se acaban”. Dice que la primera intención de Pomés era ponerla como portada del libro.
Manolo Laguillo ha escogido a continuación una segunda foto alejando algo su foco de atención, aquí esa señora con las que pueden ser sus hijas, y nos ha hecho observar la habilidad de Pomés para dejar que los globos que llevan todas ellas queden fuera, por arriba de la fotografía.
Tercera y última fotografía seleccionada por Laguillo. Un plano general, mucho más alejado, en las Ramblas. Pero -nos señala- ¿qué hace ahí en medio, en una foto sobre Barcelona, Karin? Eso, ha concluido, abre la fotografía, haciéndola mucho más rica.
“Soy Oscar Tusquets, superviviente. Seguramente uno de los amigos de hace más tiempo de Leopoldo Pomés. Siempre me he preguntado qué tenía, porque hacía cosas que no estaban muy bien, como todos, era perezoso, etc... Así que ¿qué tenía? Yo creo que lo que tenia es ojo. Recuerdo haber entrado con él a una farmacia, donde una señora nos sirvió unos medicamentos. Al salir, me dice:
-¿Te has fijado?
-¿En qué?
- En la mujer de la farmacia, que tiene su qué...
- ¡Pero qué dices, hombre!
- Sí, sí. Piensa: Con esas gafas mariposa.. Imagínatela haciéndote una felación...
Nunca pude volver a la farmacia sin imaginármela tal como la había visto el ojo de Leopoldo.”
-¿Te has fijado?
-¿En qué?
- En la mujer de la farmacia, que tiene su qué...
- ¡Pero qué dices, hombre!
- Sí, sí. Piensa: Con esas gafas mariposa.. Imagínatela haciéndote una felación...
Nunca pude volver a la farmacia sin imaginármela tal como la había visto el ojo de Leopoldo.”





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