jueves, 25 de julio de 2019

¡Feminism os!

Birgit Jurgenssen.

En el CCCB se han apuntado a hacer este verano algo sobre feminismo y han llenado su tercera planta con ello. Se trata de la exposición “¡Feminism os!”, que estará ahí nada menos que hasta el 1 de diciembre.
Hoy hacía una visita guiada su comisaria, Marta Segarra, y he aprovechado para darme un paseo por la muestra, escuchando lo que iba destacando. Dos terceras partes corresponden a “Las vanguardias feministas de los años 70”, mucho material (fotografías, pinturas, documentación) de una colección vienesa que rastrea todas las aproximaciones de mujeres artistas de esos años (los primeros 70) sobre el tema.
Al CCCB se le ha ido la mano y ha invitado a un número ingente de visitantes (siempre hay muchas más mujeres que hombres en estas sesiones, pero hoy la paridad se superaba de calle: calculo que éramos menos de un 10% los asistentes masculinos), que hacían muy difícil el movimiento. Eso y que, para ser sincero, no me ha atraído la explicación, que iba simplemente recalcando lo que cualquiera podía ver directamente, bastante obvio, ha hecho que me fuera distanciando paulatinamente, centrándome en las obras que más llamaban mi atención, correspondientes a unas pocas artistas.
Si el propósito de esa primera parte era demostrar que el feminismo de esa primera época ya contaba con una nómina de artistas importante, la exposición se ha saldado con éxito, porque muestra varios centenares de obras, de un total de 73 artistas diferentes. Están repartidas por cinco áreas (Tareas domésticas, reclusión/evasión, los dictados de la belleza, las sexualidad femenina y juegos de rol), y contiene piezas de artistas de primer rango.
Cuando creía que con una sala sobre la cronología del cómic hecho por mujeres y una vitrina con revistas y otra documentación ya había acabado la cosa, arranca otra exposición completamente diferente, “Coreografías del género”, que quiere dar un salto hasta la actualidad y presenta obra de varias artistas actuales, con un gancho aún fijado a la temática feminista, pero abriéndola a otros temas globales, como el ecologismo, la violencia, etc. Quizás era esta parte la que habría requerido un cierto encauzamiento mayor para captar las intenciones de cada proyecto artístico, pero ya era tarde y por los altavoces y los guarda jurados iban reclamando ya el fin de la sesión.

Birgit Jurgenssen. (En la sección sobre las tareas domésticas)


El la sección “Los dictados de la belleza” se puede ver toda una serie de fotografías de Francesca Woodman, como ésta. Pareciéndome una fotografía de una belleza incuestionable, yo nunca la hubiera asimilado a la línea temática de la sección.

Fina Miralles.

Ángels Ribé. Hablar, escuchar y ver, frente a callar, no oír ni ver.

En la sección “Juegos de rol”, el vídeo “Tje king”, de Eleanor Antin.

Hay mucha obra inicial de Cindy Sherman.

En una salida, proyección de “Going through languages”, de Eugènia Balcells, confrontando las imágenes de un concurso de mises con las de una mujer duchándose.

Revistas pioneras.

Y el otro día hablábamos por aquí del Bar La Sal...

Inaugurando la cronología del cómic feminista de por aquí, los dibujos de Nuria Pompeia.

Ya en “Coreografías del género”, una obra, “Vels i plàstics” del 2016 de EulàLaia Valldosera. confronta la belleza de unos velos de plástico con el desastre de los micro plásticos y porqueria general en los mares. Pero algo no me casa con ésta idea. El tercer velo, quizás el más bello, no tiene en las pequeñas fotografías que lo rodean al plástico como protagonista, capaz de lo mejor y lo peor. Son fotos de naufragios de inmigrantes.

“Las muertes chiquitas”, todo un proyecto de Mireia Sallarés que se fue a México para entrevistar a muchas mujeres sobre el orgasmo. Pero el tratarse de mujeres mexicanas es, creo yo, también fundamental para entender los guiños y estética visual de la obra.
 

lunes, 22 de julio de 2019

Mary salid what She said


Creo que nadie la habrá entendido, pero que a prácticamente todos habrá entusiasmado. Unos se habrán quedado con esos lamentos en bellas pero fragmentadas frases de Darryl Pinckney por el alejamiento de esa Francia de la que fue reina (que a mis amigos les recordaron cierto tono de Marguerite Duras en “India Song”), otros con esos constantes ritornelos que permiten pescar todo aquello que se habían perdido anteriormente, otros con la coreografía exhibida a la que se entrega Isabelle Huppert de una forma increíble, otros con esas líneas, fondos blancos, luces minimalistas marca de la casa Robert Wilson, otros -los más- con el auténtico “tour de force” al que vete a saber cómo (el por qué se llega a intuir) se ha sometido Isabelle Huppert, que ha recibido la ovación más larga que he oído en mi vida tras una obra de teatro: desde mi posición privilegiada, en la segunda fila de la sala grande del Teatre Lliure, me ha parecido ver que en un par de momentos la reacción del público -toda la sala en pie, aplaudiendo a rabiar- le ha llegado realmente a emocionar.
Si tengo líos importantes para saber moverme y captar sin error las relaciones de parentesco en mi propia familia, excuso decir lo difícil que se me hace retener el árbol genealógico y las pendencias familiares de, por ejemplo, la estirpe de Enrique VIII. Teresa me explicó previamente a grandes trazos lo que se coció por ahí entre hijas de Enrique VIII como Isabel y la prima de éstas, la escocesa Maria Estuardo, protagonista de la función. Lo olvidé enseguida, pero algo me quedó y debo decir que eso resulta una suerte inusitada para pescar alguna que otra cosa de lo que sucede en la obra. Pero no basta y, a la vez, no importa demasiado. La conexión está por otro lado.

“Mary salid what She said” me da la impresión de que será de esas obras que recordarás toda tu vida. Aunque sólo sea por cómo movía IP los brazos, bogando, para luego navegar de nuevo, entregada, en dirección contraria. 

viernes, 19 de julio de 2019

Torres García


Unos Torres García, si no me equivoco, del MALBA. Hay a quien no les gusta, pero no es mi caso.



 

“¡Hola, Barcelona!”,


¿Cómo debió contactar Maria Espeus con todos los protagonistas de su “¡Hola, Barcelona!”, la exposición de fotografías que presentó el Instituto de Estudios Norteamericanos en 1982? Llegada de su Suecia natal unos años antes, me la imagino yendo por los bares de moda del momento, y contactando con unos y otros. Al menos varios de los que conozco de los que aparecen en la colección, que ahora vuelve a exhibirse en el Palau Solterra de Torroella, sé positivamente que asistían a ellos con mucha frecuencia. Y a partir de esos, debía ser fácil dar con los demás.
Es curiosa la selección, porque vista ahora, puede dar la impresión de retrato de una generación dispuesta a comerse el mundo. Entonces, supongo, debió ocasionar entre sus visitantes -que no supiese de ella dice a las claras que no me movía yo por esos mundos- una cierta reafirmación de grupo. No era la Barcelona “oficial”, pero sí una Barcelona paralela que estaba formándose y estaba ahí, a punto de estallar. Una Barcelona de amigos y conocidos muy conscientes de lo que llevaban entre manos. Y así salieron en las fotos, entre arrogantes y tímidos por la falta de experiencia como modelos, uno tras otro.
Unos cuantos ya han muerto -incluso uno hace menos de una semana-, otros hasta cuesta de identificar ahora, hasta que pegas una risotada al identificarlos, mientras que de otros cuantos miras su foto y dirías que no han cambiado un ápice.
Como dije anoche, empecé haciendo fotografías a los retratos enmarcados y con vidrios, intentando reducir los reflejos sin mucho éxito-, hasta que vi que una pantalla los iba sirviendo por parejas libres de ellos.


Éste es mi Carles Santos, porque ese mismo año 1982 fue cuando inauguramos Martí Rom y yo la colección de monografías (libro y documental) para el Cineclub de la Associació d’Enginyers que nos entretuvo durante 28 años. 

Ver este retrato nos supuso una enorme sorpresa. No sé cómo, unos años después, vino a casa un tiempo a darnos clases de inglés. Si ha pasado el tiempo que entonces yo tenía el mismo nivel que ahora -casi nulo- y que Teresa. Más que clases de inglés hablábamos con ella de esto y aquello. Un día llegó toda emocionada porque se había encontrado en el ascensor con Narozky yendo a su estudio y nos estuvo hablando de lo amigos que eran. Otro se emocionó de lo que le gustaban las zapatillas chinas que llevaba por casa Teresa. Y así. 




Vuelve a salir mucho Pau Malvido... 

A Cesc Gelabert, precisamente, le dedicamos otra monografía años después. 




 

jueves, 18 de julio de 2019

Maria Espeus


En el Palau Solterra de Torroella, una exposición de fotografías de Maria Espeus. Los retratos de una sala de la planta baja te retrotraen hasta nada menos que 1982. Estuve haciendo ejercicios malabares para recoger con la tableta alguno de ellos sin demasiados reflejos, hasta que luego vi que, en la sala de las caballerizas, una pantalla iba pasando todos ellos y más, por parejas, libres de reflejos.
Pondré más, pero empiezo ahora con estos dos hermanos, muy conocidos por estos lares.

 

jueves, 11 de julio de 2019

White Bouncy Castle


La sala oval del Palau Nacional siempre ha comido aparte. Ya en el momento de la exposición universal era el espacio más significativo del mismo, donde se celebraron los actos oficiales, banquetes, cosas así.
Tras la discutible idea de restaurar todo el edificio (nunca hay que olvidar que quedó con todas las insuficiencias de un edificio construido rápidamente y con la idea de que solo durase el tiempo de la exposición) y convertirlo en el gran museo de arte de Cataluña, asumiendo también todo el arte moderno que, hasta entonces, estaba en el parque de la Ciudadela, llegó el proyecto de Gae Aulenti, todo esa amalgama de estilos, con formas blancas combinadas con otras pétreas que quieren dar la impresión de grandiosidad pero que no admiten una mirada detallada, sus subidas, sus bajadas, etc. No se supo cómo integrar la sala oval que, por otro lado, me parece el espacio más destacable de todo el edificio. Es de esos espacios en los que al entrar, se me va la vista. Otra cosa es su acústica, las dificultades para su utilización. Recuerdo haber estado hace ya bastante tiempo en un par de celebraciones y no acaba de ser el lugar ideal, porque es casi imposible convertirlo en algo cálido, las voces y sonidos suben,...
Ahora la alquilan. No sé por cuánto. Pero en estos precisos momentos han colocado esta instalación del coreógrafo Willian Forsyte, “White Bouncy Castle”, bajo el paraguas del festival Grec de este año. Es, si, un enorme castillo hinchable en el que uno puede ir como van los niños en la feria a botar a lo loco al ritmo de una música, con la única variación de que aquí a eso le llaman “interactuar”, el castillo se ve que está iluminado de forma especial y la música con la que evolucionar supongo que será bien diferente que la típica de una feria infantil.
Y tiene la ventaja de que sabes que, al ser en un interior, el castillo no va a salir por los aires, como pasó en China recientemente.    

 

Sebastián Loiacono y Albert Bover

Noche de jazz, ayer, en el Byron Milano, con el saxofonista argentino Sebastián Loiacono y el pianista Albert Bover quien, habiéndolo oído e...