viernes, 19 de julio de 2019

“¡Hola, Barcelona!”,


¿Cómo debió contactar Maria Espeus con todos los protagonistas de su “¡Hola, Barcelona!”, la exposición de fotografías que presentó el Instituto de Estudios Norteamericanos en 1982? Llegada de su Suecia natal unos años antes, me la imagino yendo por los bares de moda del momento, y contactando con unos y otros. Al menos varios de los que conozco de los que aparecen en la colección, que ahora vuelve a exhibirse en el Palau Solterra de Torroella, sé positivamente que asistían a ellos con mucha frecuencia. Y a partir de esos, debía ser fácil dar con los demás.
Es curiosa la selección, porque vista ahora, puede dar la impresión de retrato de una generación dispuesta a comerse el mundo. Entonces, supongo, debió ocasionar entre sus visitantes -que no supiese de ella dice a las claras que no me movía yo por esos mundos- una cierta reafirmación de grupo. No era la Barcelona “oficial”, pero sí una Barcelona paralela que estaba formándose y estaba ahí, a punto de estallar. Una Barcelona de amigos y conocidos muy conscientes de lo que llevaban entre manos. Y así salieron en las fotos, entre arrogantes y tímidos por la falta de experiencia como modelos, uno tras otro.
Unos cuantos ya han muerto -incluso uno hace menos de una semana-, otros hasta cuesta de identificar ahora, hasta que pegas una risotada al identificarlos, mientras que de otros cuantos miras su foto y dirías que no han cambiado un ápice.
Como dije anoche, empecé haciendo fotografías a los retratos enmarcados y con vidrios, intentando reducir los reflejos sin mucho éxito-, hasta que vi que una pantalla los iba sirviendo por parejas libres de ellos.


Éste es mi Carles Santos, porque ese mismo año 1982 fue cuando inauguramos Martí Rom y yo la colección de monografías (libro y documental) para el Cineclub de la Associació d’Enginyers que nos entretuvo durante 28 años. 

Ver este retrato nos supuso una enorme sorpresa. No sé cómo, unos años después, vino a casa un tiempo a darnos clases de inglés. Si ha pasado el tiempo que entonces yo tenía el mismo nivel que ahora -casi nulo- y que Teresa. Más que clases de inglés hablábamos con ella de esto y aquello. Un día llegó toda emocionada porque se había encontrado en el ascensor con Narozky yendo a su estudio y nos estuvo hablando de lo amigos que eran. Otro se emocionó de lo que le gustaban las zapatillas chinas que llevaba por casa Teresa. Y así. 




Vuelve a salir mucho Pau Malvido... 

A Cesc Gelabert, precisamente, le dedicamos otra monografía años después. 




 

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