viernes, 21 de octubre de 2022

Rubens à Genova


Aunque después me caigan chuzos de punta a mi cabeza y dardos donde más duela, diré que en general no profeso ninguna atracción por los cuadros de Rubens, pero acudimos a la exposición del Palacio Ducal de Génova (Rubens a Genova, hasta el 23 de enero), que se anunciaba por todos lados, y no me arrepiento en absoluto de ello, por varias razones, entre las cuales:
-Que “está muy bien puesta” (cosa que suele decirse cuando vas viendo que circulas por la exposición siguiendo un trazo claro y siguiendo un discurso pertinente, que entiendes).
-Que teniendo cuadros de Rubens del patrimonio local (el pintor estuvo ejerciendo dos largas temporadas en la ciudad, siempre siguiendo los designios de sus mecenas), comprende también cuadros suyos venidos de otros sitios.
-Que sus cuadros se combinan con los de otros pintores locales, dando como resultado un retrato muy fehaciente de la ciudad de Génova en su edad de oro, apareciendo todos los nombres que luego veríamos repetidos una y otra vez por calles y palazzos.
-Que su recorrido te permite ver una de las salas más decoradas con frescos del Palazzo Ducale.

Luego vimos en la Iglesia de Gesú el enorme cuadro sobre los milagros de San Ignacio de Loyola, de los que estos parecen preparación.



Posiblemente Claudia Lomellini (por 1600), de Guilliam van Deynen. Puesto ahí para mostrar la riqueza que exhibían las damas aristocráticas de la ciudad.

El rostro de ella recuerda una modelo muy reiterado en Rubens.

Probablemente Isabella Clara Eugenia y Caterina Micaela (por 1570), de Sofonisba Anguissola. Pero le saqué una foto porque me recordaron a las dos hermanitas de “The shining”, de Kubrick.




Los frescos de una pared del Palazzo Ducale.

Y del techo.
 

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