jueves, 18 de julio de 2024

Carles Santos, i ara què?

En la zona del bar, su intento de aunar comida y música, de una de sus obras, “Figasantos-Fagotrop”.

Venciendo mis temores de ir y tener que pasar por ese barrio en medio de los calores y el gentío de plena época turística, me he dicho que hoy o nunca y me he llegado a la Fundació Brossa, donde poder ver, antes de que la retiren este domingo 21, la exposición “Carles Santos, i ara què?
Luego, vencida la bofetada al dejar el fresquito aire acondicionado del bus que te aproxima, resulta que a primera hora la cosa no ha sido tan lesiva: por las calles del Born, de una configuración que les hace primar la sombra, corría un airecillo agradable, las tiendas están cerradas o abriendo (una señora barría y fregaba delante de la suya, mientras despotricaba diciendo que sólo limpian una y otra vez delante de lo de Puigdemont -quien airea, junto a Comín y Ponsati, un ostentoso local de “representación europarlamentaria”, de grandes cristales exteriores y fotografías interiores, pero aparentemente cerrado: será por el cambio de legislatura o porque ya cumple su cometido así, mientras seguimos pagando el que debe ser un sustancioso alquiler), los turistas deben levantarse tarde para reponerse del sarao nocturno o deben ir a la playa, siendo hasta graciosos los que se ven, con sus artilugios de exploradores y, lo más importante, la exposición es mucho más completa de lo que me esperaba.
Explora (la exposición, que es de entrada gratuita) desde sus inicios musicales infantiles hasta las últimas colaboraciones, ya poco antes de su muerte.
No ha pasado ni un alma -salvo una señora de hacer faenas- mientras yo he estado, satisfecho, explorándola a mis anchas, y puede resultar extraño, porque sus últimos espectáculos (la parte de sus cosas que me resultan menos atractivas) tenían muchos espectadores.
Al salir, el ambiente, en todos los sentidos, sobre todo el climatológico, ya no era lo mismo.



Y en la barra, fotografías de decorados.

Una de las performances con piano a las que Santos fue tan aficionado.

Un rincón para su mundo de Vinaroz: las redes y el puerto de su barca, la “Sargantaneta”.


Santos, pianista niño prodigio.


Una película sobre él. ¿Cuántos pianos habrá destrozado él y los que lo emularon?

Muchos vídeos, de los que está muy bien nutrida la exposición, no funcionan, pero sí éste con la representación de “Concert Irregular” en la Sala Fénix de Madrid.

Una aportación de su época más combativa que no conocía.

En Nueva York, con su primera mujer, Pepa Torregrosa.

En los monitores, “Belmonte”, él y su “Tocatico-Tocatá”, arrastrando el piano de cola con Pilar Zamora, de rojo, en su tapa (ya había pasado por las Ramblas con ellos), la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Barcelona con su música…

Su participación en las películas de Pere Portabella.

En una grabación de Esther Argay, pere z Portabella y él, con figuras antitéticas.

Vestuarios de sus últimas obras.


 

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