Miro las fotografías que aún tengo por una tableta que dejé de usar y veo que ahí conservaba, esperando turno, las tres últimas de las que hice en junio de 2016 a los cuadros del Art Institute of Chicago que más me llamaron la atención.
Las debí hacer seguidas y, por tanto, debían estar muy cerca unas de otras, las tres emparentadas por la representación de escenas a caballo en tres rincones del mundo y por, a mi parecer, una inocencia y belleza resplandecientes.



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