Ayer, en el Museu Diocesà de Barcelona, "Rembrandt. Virtuoso del grabado", que estará ahí hasta el 13 de enero.
Es un conjunto de aguafuertes de diverso tamaño y temática.
Una planta está llena de obras con tema bíblico, con Jesús como figura, aunque no siempre principal pues, como decía José Luís, en ocasiones Rembrandt parecía más interesado en la gente que se agolpa y mira qué está pasando.
Se puede recomendar, pues -y vivamente- vencer el freno que puede representar la institución que acoge la muestra, que suele estar más atenta al reclamo (Dalí, Gaudí,...) que al contenido, e ir a verla, porque vale la pena.
Dos observaciones más:
1/ Llegó un grupo guiado de señoras. Eso es algo ridículo. El tamaño de los cuadros y la técnica empleada no permite más que la visión individual, e incluso en ocasiones habría ido bien un artefacto ampliador.
2/ Por ningún lado de la exposición -ni luego del folleto- supimos ver de dónde procedían las obras expuestas. Eso, y que alguna estampa del piso de arriba fuera de aparente baja calidad material (como si se tratase de una fotocopia), pese a la maestría del dibujo mostrado, hacía temer algún conducto extraño. Finalmente, en el libro/catálogo se puede leer que todo es propiedad de un único coleccionista particular.

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