Es un algo anacrónico museo provinciano, inagotable, que me pareció muy agradable. Tiene una planta en la que las cargadas y pomposas habitaciones palaciegas, llenas de muebles y papeles pintados, se turnan con salas de exposiciones con cuadros de grandes nombres -Tintoretto, Bronzino, Veronese- que no son los mejores de sus autores o están prestados, y otra planta, más normal, en la que muestran pintura de los siglos XIX y XX.
Detalle del único cuadro del que me apunté el nombre del pintor por un papelín. En cuanto aparezca, lo escribo por aquí.





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