La calidez de unas estanterías repletas de libros, la de un patio de butacas rojas de un teatro, la de una luz artificial en buen entorno, la limpieza de mente que proporciona mirar al horizonte marino. Todo eso está y se trasmite en la pequeña, pero intensa, exposición de Miháy Bodó que podía ver en la sala Parés de Barcelona hasta esta tarde, y que se podrá volver a ver, al regreso de vacaciones, del 5 al 23 de septiembre.
miércoles, 24 de julio de 2013
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