viernes, 4 de octubre de 2013

Marsans


En la sala volart, de la Fundació Vila-Casas, una exposición que repasa mucha obra de un pintor único, Luis Marsans. Recomiendo no saltarse el vídeo que se proyecta. Cuando lo vi hace tres años escribí, conmovido, este texto (que transcribo ahora aquí, al haber desaparecido la página web que lo acogió, Morsa dice:

Violeta Marsans explica y deja explicarse a su padre, el pintor Luís Marsans. Corre por esos mundos un documento único sobre el pintor Luís Marsans, a buscar íntegro con ahínco, hasta dar con él y disfrutarlo como un tesoro. Digo ésto después de haber visto algunos de sus fragmentos en la exposición que (hasta el 9 de enero de 2010) le ofrece la sala Artur Ramon Art de Barcelona. El documento en cuestión es la película “Luís Marsans: la sombra y la imagen”, realizado por Violeta Marsans. Escenas de esa película –rodada desde la intimidad que sólo haber sido realizada por su hija puede ocasionar- dan sentido a buena parte de la exposición. La sala principal de la galería, por la que se entra, está llena principalmente de cuadros -con la precisión marca de la casa de Marsans- de partituras de música, con un ramo de mimosas delante. (Así entre paréntesis, es curiosa la afición por las mimosas profesada por un asmático…). Sólo un par de cuadros vuelven a las renombradas estanterías de libros, por las que generalmente más se conoce al pintor, y a los cuadros de color apagado que restan en la medianera de un edificio derrumbado. La otra sala contiene muchos dibujos de la serie dedicada a los personajes proustianos de “En busca del tiempo perdido”. Y es aquí, tras la contemplación de estos dibujos, cuando el vídeo es fundamental. No sólo explica el origen de la serie, sino que da una valiosa lección sobre el enorme trabajo que, a base de pequeños y dubitativos trazos, una mano sosteniendo el pulso de la otra, va configurando cada una de las precisas imágenes, haciendo dudar de la frase que Luís Marsans, modestamente, repite: “Si sale con barba, San Antón, y, si no, la Purísima Concepción”. Las imágenes del vídeo me han llevado a recordar cuando, hace casi quince años, estuvimos Martí Rom y yo un par de veces con el pintor en su estudio de Sarriá. Le pasamos alguno de los libros y documentales que años anteriores habíamos elaborado para la Associació d’Enginyers sobre diversos artistas, y le propusimos hacer otro tanto ese año con él. Estuvo extremadamente amable con nosotros, valoró mucho el trabajo efectuado, agradeció que hubiéramos pensado en él, pero nos dijo que no. Es el único “no” obtenido en 28 años que llevamos con eso. Pero cabe decir que, aún lamentándolo enormemente, lo entendimos. Nos dijo que había tenido que dedicar mucho tiempo el año anterior para ayudar a la organización de la exposición que se le había hecho en el Palau de la Virreina, y que no quería robarle ese año más horas a su ocupación, que era la pintura. Y viendo ahora ese documental de su hija, que lo retrata reflejando su bonhomía, su picardía, su buen humor y cariño con su nieta, su casa y familia pivotando alrededor de su pintura, pero que sobre todo muestra la paciencia y pasión con que va dando forma a cada una de sus obras, no puedo estar más que de acuerdo en que habría sido imperdonable distraerlo de lo suyo. J. M. García Ferrer

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