El otro día conocí a un fotógrafo, empeñado, según él, en “fotografiar el flujo de las ideas”. Iba caminando, levantaba el brazo con el que sostenía la cámara y ¡flash! disparaba a la tuntún hacia su objetivo, sin mirar siquiera.
Justo lo contrario de lo que hacía el de la foto, Brassai, que escogía su motivo, extendía su trípode, encendía el cigarro y se ponía a esperar una buena coyuntura en los astros.

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