Se que hay gente a la que no le gusta no sé si Brossa o las cosas estilo poesía visual que hacía. Pero en cualquier exposición suya siempre hay unas cuantas de estas pequeñas “boutades” que, que le vamos a hacer, a mí me divierten.
La Fundació Brossa tuvo que cerrar las puertas de las minúsculas salas de exposición que, con gran esfuerzo, había abierto en la calle Rosselló de Barcelona, y desde entonces sus fondos están viajando. Ahora unos cuantos han recalado (hasta el 5 de diciembre: luego pasará por Girona, Granollers y Mollet del Vallés) en el Espai Betúlia, un sitio de esos que, si no existiera, estaríamos siempre soñando sobre su apertura.
Éste es un ejemplo de las piezas de Brossa que me hacen esbozar una sonrisa.
Ya lo he comentado varias veces por aquí, por lo que una más no importa...hasta que la gente acabe harto de mis batallitas: Estuve sólo una vez en el estudio que Brossa tenía en un espacio del terrado de un edificio de Travessera de Gracia con Balmes, el de la foto. Fui con Martí Rom a entrevistarlo no sobre su obra, sino no sé si -ahora me da pereza ir a revisarlo- sobre la de Pere Portabella o Carles Santos (creo que esta última). Entramos en ese no sé cómo calificarlo lugar y procedimos a sentarnos, con tan mala fortuna que sólo había dos sillas (o mecedoras) libres del os diarios y papeles que cubrían -como se ve en la foto- todas las superficies, incluidos suelos, por lo que me dirigí a una que (un éxito, dado el panorama general) sólo tenía dos o tres cosas que recogí e iba a depositar en otro lado para poder sentarme cuando un brutal grito a mis espaldas me paralizó. Era Brossa, molesto con que pudiera producir el más mínimo "desorden"...
Visión general de la parte norte de la nave que alberga la exposición
El cartel de la exposición





No hay comentarios:
Publicar un comentario