Barcelona ha dejado de estar en los circuitos de las grandes exposiciones. Uno debe entonces contentarse con otras de menor tamaño y resonancia, no por ello despreciables. Al contrario. De vez en cuando, en sitios insospechados, surgen cosas sorprendentes, inauditas. He visto una de ellas.
Hoy, en la sala de la entrada de la Universidad de Barcelona, Vicenç Furió presentaba la pequeña exposición -pequeña, pero con unas cuantas piezas que valen por todo un museo- "El arte del grabado antiguo", compuesta por una selección de grabados de su colección. Obras muy variadas, en tamaño, temas y autores, agrupadas en cuatro apartados. Uno de ellos, "Pequeñas obras maestras", con, por ejemplo, grabados increíbles de Durero ( como la divertida "El cocinero y su esposa", de por 1496, o la enigmática "El paseo", de 1498), de Rembrandt (con un "Autorretrato con gorro adornado con una pluma", de 1638, que presenta, además de unos ricos y detallados gorro, capa y barba, una de las miradas más altivas de toda su larga serie de autorretratos y con "El jugador de golf", de 1654, una escena de la vida de taberna, con un misterioso personaje reposando en el interior y otros jugando o charlando en el exterior). Que nadie deje de ver esa sección, que está, más protegida, en el piso de arriba, en unas mesas-vitrina de la biblioteca.
De las piezas expuestas en el vestíbulo de la Universidad me quedo -¿quién me lo iba a decir a mí, a quien las pinturas de techos de iglesias y palacios que hizo Tiépolo, como la música militar, nunca me supo levantar..?- un esplendoroso "Santa Tecla intercede para la liberación de la peste de la peste de la ciudad de Este", sacado por Tiépolo en aguafuerte en 1765 a partir de una pintura.
A la exposición, que estará abierta hasta el 20 de febrero, acompañaba hoy la venta del libro del mismo título, editado por la Universidad, que presentó hace poco Vicenç Furió, quien promete que en él, además de las más que visibles reproducciones, de una nitidez enorme, ha vertido sus descripciones e interpretaciones de las obras, y muchas más cosas. Lo digo para que cualquier aficionado a los grabados antiguos lo busque por buenas librerías.
En la foto, Vicenç Furió, además de ser objetivo de los paparazzi, explica una de las piezas a un asistente a la inauguración. El vino echaba la pinta de bueno, porque nadie dejaba despistada su copa. No lo he catado, porque he llegado muy tarde.

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