Ya un cartel más típico de los de anuncio de las líneas de ferrocarril, en este caso de 1928, diseñado por A. E. Martin, es otro de los que selecciono de entre los coleccionados en el National Railway Museum de York.
Es posible que la ciudad balnearia galesa hubiese sido en algún momento todo eso. En un periplo por el país de hace ahora un año paramos para visitarla, descansando del trayecto, y para comer algo en ella. Las atracciones del muelle, ahora ya no transitable, se reducen a un contundente edificio cerrado a cal y canto de sonoras y llamativas de forma escandalosa máquinas tragaperras, sus comercios lucen decrépitos y hasta se hizo difícil, en una ciudad de su magnitud, encontrar un restaurante potable, que no te cayera al suelo nada más verlo. El paso del tiempo, che.

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