No suelo prestar demasiada atención a teorías conspiratorias y cosas así. Pero hoy me he puesto a leer el Le Monde Diplomatique de este mes de julio, para seguir la más rabiosa actualidad de forma sosegada y fundamentada, cuando he dado con un artículo que me ha puesto los pelos de punta. Aunque luego ha resultado que sí era de julio, pero del año pasado, eso no quita para que lo que expone, que no sé si ha acabado resolviéndose al 100%, me haya dejado meditando sobre en qué porquería de mundo vivimos y lo poco que nos enteramos de lo que se cuece por las alturas a nuestras espaldas.
Seguro que todo el mundo ha oído o leído algo al respecto, pero de esa manera en que se oyen o leen estas cosas, de forma fragmentada y espaciada, sin llegar nunca a atar cabos sobre todo lo que pasó. Se trata del “accidente” del avión italiano que cayó en junio de 1980 en el mar, a la altura de la isla de Ustica, al norte de Palermo, con 81 personas a bordo.
La historia que reconstruye -con alguna ventana abierta- el periodista Andrea Purgatori va añadiendo aspectos a cada cual más intranquilizante, dando en conjunto la impresión de que estás asistiendo a una de esas películas americanas que no sigo, pero que dejan a la gente electrizada. Militares americanos, belgas, franceses, italianos y belgas o bien se inhiben de forma sospechosa o que se descubre infundada o bien explican historias demenciales sobre el accidente, sin que éste llegue a clarificarse nunca. Grabaciones de diferentes radares de la zona desaparecen cuando más falta hacían. Un avión que, muy dificultosamente, va reconstruyéndose, pero sin piezas del todo definitorias a su alcance. Misteriosas muertes de testigos o protagonistas se suceden desde entonces, como se abren y cierran, a las más altas instancias, oportunidades para investigar de una vez el tema a fondo. En el relato del periodista, todos tienen cosas a ocultar:
- Italia por pasar información y permitir la violación de su espacio aéreo a la Libia de Gadafi simplemente por su dependencia energética.
- Estados Unidos, dando una increíble idea de vigilante que no vigila.
- Libia como instigador indirecto del accidente.
- Francia, posiblemente, por haber alcanzado con su fuego al avión comercial, pensando que lo hacía sobre un caza libio.
En medio de toda esa hipocresía internacional, 81 personas olvidadas. Gente como la propietaria de ese vestido de la foto, que forma parte de una instalación de Christian Boltanski sobre el tema, de la que también se hace eco el número del periódico. Después de todo, ella no pudo volvérselo a poner nunca más.

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