Fue en junio, en la inauguración de una exposición en la ahora pequeña galería de Santander. Al fondo, en un pequeño entrante en la pared, cuelgan unos diminutos cuadros de varios pintores. Me llaman la atención unos cuantos. Uno de ellos de Damián Flores, que me era familiar por la Galería Alejandro Sales, seguramente vía Carlos García Alix.
Le hablo entonces a Juan Riancho, el hacedor de Siboney, de otro pintor que me ha venido a la cabeza. Con mi poca retentiva, no recuerdo su nombre, pero sé decir que tiene obra en Can Framis, con teatros de ópera con cortinajes rojos y alguien asomando su nariz al escenario, o barcos de piratas por el trópico, o marineros jugando a cartas. Con esos o menos datos Riancho me dice su nombre: ¡Ramiro Fernández Saus!
Va entonces al otro lado, donde en unos estantes tiene los catálogos de sus exposiciones. Rebusca un poco y me da este pequeño, que ahora observo con detalle y leo. Habla de faros, marineros, Ofelia, Julio Verne, cuadernos de bitácora, tormentas y óperas.
Es el mundo que pinta, como de teatrín con dioramas, Ramiro Fernández Saus.

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