El beso entre Honecker y Breznev que un panel del muro de Berlín inmortalizó fue quizás el primero en hacerse célebre en el mundo entero. Los dirigentes políticos comunistas se saludaban así, sin que por ello se dedujera homosexualidad alguna, pero si se hizo famoso el graffiti en todo Occidente fue sin duda porque aquí sí que chocaba -y mucho- eso.
Otros aprovecharon la imagen para darle más morbo. Empezaron a salir imaginarios besos -que tenían su origen en esos dos- entre aparentemente irreconciliables rivales deportivos (Messi y Cristiano Ronaldo) y políticos (Trump y Hillary Clinton, Rajoy y Puigdemon).
Todo esto para decir que ayer me encontré reproducida la imagen del graffiti del beso entre los dos futbolistas que se discuten siempre el "balón de oro" en una ventana de la Moritz.




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