Hace diez años, las imágenes de la exposición del Castillo de Montjuic ("Nazis i feixistes. L'ocupació simbólica de Barcelona (1939-1945)"; hasta, curiosamente, el 23F -!!!-) habrían causado una fuerte conmoción. No por casualidad habían desaparecido de la circulación desde los tiempos de las más negras de las noches franquistas. De hecho, desde que empezó a ser evidente que la Alemania nazi iba a perder la guerra, dejaron de verse por aquí las muestras de entusiasmo que habían aparecido anteriormente ante los uniformes de los SS o los negros y blancos) de los fascistas y las fotos que las documentaron entraron en unos profundos cajones donde se perdieron casi para siempre.
Pero en los últimos años empezaron a volver a salir a la luz, y ahora ya resultan hasta bastante familiares. Sigue causando impresión ver a los monjes de Montserrat saludando contentísimos a un Himmler de visita a su monasterio, o ver cómo se agasajaba en la Universidad o en el Palau de la Música Catalana a los aliados de la esvástica, pero ya tienes un lugar en la cabeza donde situarlas.
A eso se le suma que tampoco hay tanta imagen, de tanto acontecimiento, como para exponerlas de forma que ofrezcan una sensación de sorpresa. Así, en la exposición, que consta de dos salas bastante grandes, a los hechos documentados se les retuerce un poco para ver las pocas imágenes que se han descubierto sobre ellos desde dos puntos de vista y así se dobla la superficie ocupada por los paneles.
En el cine Publi.
Francesc Vicens nos decía que nos dejáramos estar de historias y nos abstuviéramos de mencionar las manifestaciones contra la guerra de Irak, o el 11 de septiembre: "La mayor manifestación popular habida nunca enBarcelona, con media ciudad volcada a recibirlo, se dio con la llegada del Conde Ciano".
Si se mira el plano y los puntos (no siempre del todo bien colocados en el plano) se obtiene un refresco de información interesante.
Otro aspecto de la recepción de ls ciudad al Conde Ciano.






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