Así, con tanta valentía y constancia, yo diría que Vuillard fue el primero en empeñarse en descentrar a sus personajes y objetos retratados, llegando al extremo de cortarlos, dejando una parte fuera de cuadro.
En esta pintura, también pescada en el Arts Institute of Chicago hace año y medio, es verdad que sus personajes quedan al completo dentro de la tela, si bien lucen a la izquierda, tomados esquinados en habitación y alfombra, mientras la chimenea se nos va irremediablemente hacia la izquierda, donde la tenemos que acabar imaginando.
Por lo que hace a la escena familiar retratada, no me diréis que no es bien atípica. Mme Vallotton parece mirar desde allá arriba displicentemente a su sobrina. O quizás es una cierta sonrisa la que luce en su rostro. Dos opciones: O bien se ha enfadado y retirado al ver lo que la cría ha roto, desoyéndola, o bien se está relamiendo de gusto, porque ya está bien que haya quedado hecho trizas el papel u objeto.
Lo que tengo claro es que, de ser una pintura de hoy día, para obtener un retrato fiel de la escena, Mme Vallotton habría descendido a la alfombra, situándose a la altura de su sobrina.

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