Ayer Victòria Combalia recomendaba, tras haber asistido a su inauguración, la exposición de Gustavo Pérez en la Artur Ramón y ya se sabe que cuando dice “no os la perdáis” se trata de una exposición que realmente merece la pena.
Su opinión, además, ratificaba la de una amiga que conoció a Gustavo Pérez al otro lado del charco, tiene obra suya y habla y habla de que es una persona que se dedica a la cerámica, pero que la supera, codeándose también con la escultura y la pintura, además de que explica muy bien sus cosas, por lo que el mundo de la escritura tampoco le es ajeno. Nos avisó de que hoy a las 12h hablaría en la galería y ahí estábamos para escucharlo.
No ha sido, como pensaba, una conversación a la que asiste el público sentado en unas sillas puestas para la ocasión. Han escogido el espacio inicial de la galería, un poco más despejado que los demás y se ha puesto ahí de pie a hablar de la exposición en concreto, de cómo realiza su trabajo y de cuestiones artísticas en general, con los visitantes rodeándolo. Poco a poco iba entrando gente, nos íbamos apelotonando, yo tenía miedo que en una de esas golpeara una pieza de las exhibidas,... No era el sitio más apropiado, pues, pero ha sido la ocasión para oírle unas cuantas cosas interesantes sobre cómo hace estas obras que, así, de buenas a primeras, dije que me recordaban cosas de gente tan diferente como Llorens Artigas, Chillida, Klee y hasta Michaux.
Ha llamado a la muestra (que estará hasta el 17 de enero), dice, “Reencuentros” por un doble motivo. Primero porque era volver a exponer en la Artur Ramon, la única española con la que trabaja, mientras me dicen que lo hace y es conocido un poco por todo el mundo: París, Londres, Holanda, Nueva York o Tokio. Segundo porque lo hace con un tipo de obra nueva, pero de un estilo que ya había hecho y que abandonó hará unos quince años, y ahora retoma. Son todas ellas piezas de gres y mezcla de barro a las que, antes de la cocción, les hace una especie de grattages a lo Lucio Fontana siguiendo un orden astral muy curioso. Ha explicado que ese efecto se le apareció por casualidad, por un error, que siguió investigando y perfeccionando, asombrado de que no hubiera sido apenas explorado en escultura.
Su respuesta a otra pregunta explica bastante su continua búsqueda. De hecho, ha comentado que ya ha abandonado la elaboración de este tipo de piezas y se encuentra ahora inmerso en otra serie totalmente diferente. Le preguntaron cómo llegaba a estos cambios de estilo. El relato que ha hecho sobre las razones de su primer abandono de esta serie, hará unos quince años, es significativo: Hizo una hornada y comprobó que todas las piezas sacadas del horno (ha hablado de que lo llena con unas doscientas) estaban impecables, sin ningún defecto a los que acostumbra el trabajo en horno, a unos 1300 grados de temperatura. En vez de alegrarme, ha dicho, me entristecí, pensé que ya los hacía con extrema facilidad, sin esforzarme, y decidí cambiar radicalmente.
Bien iluminadas, sobre unas peanas negras, las piezas exhibidas ratifican ese “preciosas” que decía Victoria Combalía. Atractivas, muy sugerentes, te trasmiten a la vez una gozosa alegría y una nada despreciable serenidad.










No hay comentarios:
Publicar un comentario