De esta guisa he comprobado ahora que me quedó la fotografía oficial de los componentes de la agencia Frontex y algún cargo oficial de los países miembros reunidos en una convención y posando para el recuerdo que aparece en la exposición “Esta tierra jamás será fértil por haber parido colonos”, de Daniela Ortiz, en la Virreina.
La primera impresión que tuve al ver a toda esta colección de ejecutivos encorbatados y sonrientes fue la del déjà vu. Hasta tuve el impulso de revisar si no estaría yo entre los retratados, pues más de una vez tuve que prestarme al numerito en alguna reunión internacional de mi empresa.
El mecanismo es conocido: convención o seminario que reúne a gente de numerosos países para discutir o ser instruidos en una materia específica. Antes de finalizar el periodo marcado para el encuentro, como ya había sido anunciado en la sesión previa, reunión de pastores. En un sitio determinado del centro, habitualmente escogido para ello, como -en la imagen, aunque no se vea- una escalera/grada, espera el fotógrafo que, cargado de experiencia, reúne y sitúa a varios niveles a los asistentes, los encuadra y tiene la habilidad de soltar una manida broma a tiempo para que todos, dóciles, aparezcan sonrientes y felices en la fotografía oficial.
Frontex es la agencia encargada por la Unión Europea de la “Guardia de Fronteras y Costas” y, como tal, la responsable de la aplicación de la reciente política europea en materia de inmigración, que es responsable de la muerte de miles de personas que han huido de sus países a través del Mediterráneo y grandes penurias con la intención de obtener un futuro mejor en Europa. Daniela Ortiz apunta en la sala que corporaciones de éstas suelen trabajar en el anonimato, sin mostrar nunca públicamente los rostros de sus componentes, y ella tiene intención de mostrarlos abiertamente a la luz.
Es uno de los mazazos que suministra la artista a diestro y siniestro, en una exposición muy variada, con fotografías, vídeos y pinturas, en ocasiones hasta muy atractivas visualmente. En una sala, por ejemplo, analiza y muestra los espacios dedicados en grandes mansiones de la gran burguesía peruana al servicio, mientras que en el lado opuesto de la sala coloca toda una hilera de fotos familiares de estas mismas familias en las que en un discreto segundo término, o mostrando sólo medio cuerpo porque el resto queda en off, la figura de una criada hace deducir que todo funciona gracias a su callada intervención. En la sala con decoración más siglo XVIII del centro, bajo la protección del cuadro del que debe ser el Virrey Amat, no queda títere (miembros de la ultraderecha estilo Vox, progres estilo Podemos, partidos burgueses, independentistas), todos ellos vituperados en unos cuadros como de la época, acusados con razones de seguir teniendo un componente colonialista en su actuación (ver foto en el primer comentario).
Una exposición tronera, trabajada, muy bien hecha, muy incisiva políticamente, en la Virreina hasta el 16 de febrero, a no perderse.

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