miércoles, 22 de julio de 2020

Juana Biarnés




Veamos la fotografía de Juana Biarnés con atención. Es de 1967 y, como pie de foto, los periódicos que se la publicaron debieron anotar: “Roger Moore -El Santo-, de visita en Barcelona”. De 1967 a hoy han pasado más de 50 años, por lo que muchas cosas se escaparán a quienes no vivieron el momento.
Alguno más joven, pero no demasiado, igual reconoce a Roger Moore (el centro de atención de la fotografía, el punto al que se dirigen las miradas, tanto de los espectadores de la escena que aparecen en la misma fotografía como de los que observan ésta) por haber sido uno de los actores -para mí el más hortera- que ha encarnado a James Bond, el agente 007, con licencia para matar. Pero en 1967 su popularidad le venía de una serie de televisión, “El Santo”, sobrenombre de Simon Templar, un bon vivant sinvergüenza, que anda por ahí ejerciendo de seductor.
La imagen evidencia la expectación que causa el personaje, por mucho que éste y su pareja den muestras de naturalidad, como si no les importunase nadie, ahí tomando el aperitivo.
Observando un poco se aprecia que estaban en la parte alta de la calle Tuset, casi tocando a la Travesera de Gracia. Ya alguien dirá si se trataba de la terraza del superviviente Anahuac, de la de La Cova del Drac o de otro local ya desaparecido.
Hace gracia. “Tuset Street”, la película, es de por esos años (1968, dice Filmaffinity) y se la considera el canto del cisne de la calle de moda. Pero mirando la fotografía, entre tanta gente contemplando extasiados a la pareja que se toma su vermut con aceitunas y almendritas la verdad es que no se aprecia a demasiados componentes de la famosa Gauche Divine. No lo eran, desde luego, esos cuatro policías armados, los famosos grises, aquí confundidos entre la masa y mirando embobados como los que más, posiblemente porque al llegar a su casa después “del servicio” también se ponían a ver en la televisión a “El Santo”.
Tampoco dirías nunca que era de la gauche divine esa señora que cargando una bolsa, asoma su cabeza desde detrás de un gris, sin consideración alguna a la autoridad que tiene delante. Ni ese tío de la americana de tres botones, mirando tan extrañado como la de la falda de cuadros por averiguar si se la están dando con queso.
Habrá que investigar más. Quizás falla el horario. 


 

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