Siempre me gusta la vista de las salas de exposiciones de la Virreina que suele dar esta perspectiva. Se me escaparon dos visitantes que completaban la sensación.
Comisariada por Marta Dahó, la exposición “Guido Guidi. Da zero” de La Virreina (hasta el 16 de enero) nos (me) permite formarnos una idea bastante buena de la obra de este peculiar fotógrafo italiano.
Como toda las fotografías están colgadas en cuadros con vidrios que no son antirreflectantes, sacar, aunque sólo sea para el recuerdo, alguna de ellas, como he hecho, es arriesgarse a hacerse autorretratos o retratos de los otros visitantes involuntarios, cuando no deformar a conciencia el marco de la foto para esquivar alguno.
Pero, pese a ello, yo creo que las imágenes robadas hablan de una obra coherente de principio a final, con blanco y negro que juega con las sombras o con colores desvaídos, mientras que ambos tipos inciden en buscar lugares que nunca son centrales, hablan a veces de secuencias temporales y buscan en ocasiones un pequeño punto de vida en contraste con todo un conjunto obra de la sordidez o el abandono.
Para entendernos un poco: hay, por ejemplo, una serie de fotos sacadas en Trieste. No serán, precisamente, de las que arrastren a nuevos viajeros a visitar la ciudad. Todas de ellas son de una zona marginal, con casas de polígono social, punteadas con una presencia humana por algún sitio. Deben corresponder a poblaciones de aluvión, de la antigua Yugoslavia. Nada que hable del Trieste de los cafés, puerto o escritores.
En la penúltima sala pueden verse unas fotografías bastante diferenciadas de las del resto, sacadas a obras de Carlo Scarpa, siempre tan admirado por otros arquitectos.
Para acabar, recomendaría a quien se pasase por ahí que no deje de ver, en la ultima sala, las declaraciones de Guido Guidi que aparecen en un monitor, concretamente conformando el audiovisual más corto de los dos -“Da Zero”: el único que por ahora he visto- que se ofrecen. Es el elemento mejor para, después de haber recorrido, de haber ido aspirando sus fotos, acabarse de hacer una idea sobre su autor. Ya mayor, contesta en su estudio con precisión el cuestionario que le han pasado, utilizando siempre citas de pensadores y, las más de las veces, esbozando al final una pequeña sonrisa irónica que habla de un hombre, por encima de todo, bien inteligente.
Una obra inicial, de su Cesena natal. En el original las hojas y ramas de los árboles parecen una impresión holográfica.
Carlo Guidi de viaje. Podría ser el Estados Unidos de Wim Wenders, pero es Extremadura.
Lamento el feo encuadre, pero de hacerla frontalmente no se habría visto nada. Me hace gracia esa “coltora” y el equívoco que nos provoca a los españoles de entender “cultura” en vez de “agricultura”. Al margen de dar el tono de los caserones dejados de la mano de Dios en medio de la nada y sus colores desvaídos, que la exposición nos deja entender como típicos de sus fotografías.
Otro viaje de Sacarpa, muy singular: de San Petersburgo a Santiago. Kaliningrado.
La tromba Brion. La fotografía la he sacado de Abitare.it
El vídeo de que hablo, en el que las reflexiones de Guidi te acaban de convencer.







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