Por un momento (bueno: lleva todo el verano y seguirá hasta el 11 de noviembre) el Palau Solterra de Torroella de Montgrí ha adoptado aires de caserón del viejo El Cairo o algún otro enclave, quizás con pasado colonial, y acoge, con empeño totalizador, la experiencia viajera vital de Jordi Esteva hecha fotografía.
Se trata de “L’impuls nòmada”, exposición comisariada por Laura Terré, quien, supongo que habiéndose leído a base de bien el libro de memorias de Esteva que lleva el mismo título (Galaxia Gutenberg), le habrá estado ayudando a seleccionar frases y entre montones y montones de fotos para ver cuáles podrían exhibirse y dar con ellas una buena idea de conjunto.
Mi impresión -y supongo que la de todos los que visitan la exposición- es que está ordenada y se han seleccionado sus elementos de una forma tal que hace obtener, además de una ilustración bastante equilibrada de todo lo narrado en el libro (quizás únicamente decir que tras su lectura me quedó rondando la idea que el peso de su estancia en El Cairo era superior al que se desprende de la expo), todo un poderoso recuerdo de sus recorridos por zonas (la isla de Socotra, los oasis egipcios,…) que, a nuestros ojos, si no es por vía Esteva, difícilmente nos serían mínimamente familiares.
Y, lo más importante, que cualquier visitante, conocedor o no de su itinerario, saldrá del Palau Solterra con unas cuantas imágenes de lo más evocador en su cabeza.
He sacado alguna fotografía, pero sólo de unas pocas fotos que, gustándome mucho, esperaba que no quedaran totalmente desvalorizadas por reflejos luminosos.
Desde el amplio vestíbulo del Palau Solterra, unas fotografías, muy diferentes entre sí, te llaman la atención y te arrastran hacia ellas.
Te dispones a entrar en la primera sala, dominada sobre todo por el embrujo de la Isla de Socotra y sus gentes.
En la exposición te topas con fotografías como ésta…
Gentes de Socotra.
Las caballerizas del Zpalau Solterra ofrecían ambientes más íntimos que han aprovechado para, a base de imágenes y objetos, como éste libro del genial Guillermo Brown, trasmitir unos cuantos escenarios de los elementos que le llevaron a ese impulso nómada. Por ahí aparecen sus padres y familia, libros sobre las maravillas del mundo o este espíritu indomable del bueno de Guillermo.
Viajando, viviendo, con lo puesto en cantidad de sitios exóticos.
Una sala se ha habilitado para proyectar resúmenes de sus películas.
Cuando ya creías, satisfecho, haber visto la exposición, un atril y una flechita te indican que en el piso superior te encontrarás no con los cuerpos, sino con las ánimas.








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