Hicimos ayer, antes de que llegara toda la gente para la inauguración, un paseo rápido por “Altres Brosses”, la exposición que se inauguraba en la Fundació Brossa, un poco como quien pasa inspección previa y comprueba si ya estaba todo en orden, limpio y sin trastos olvidados por el medio.
Una primera impresión que te imbuyen es la de acceder a una manifestación popular, callejera. La recibes nada más entrar y subir por una escalera, por cuyo hueco cuelga una larga estela en la que se han pegado copias de los carteles e imágenes que luego podrás ver situados cada uno en su área, una de entre las que han dividido este recordatorio de los diversos “otros palos” que tocó Brossa.
Pero la impresión se afianza al ver la primera área, “La festa carnavalesca y la subversió popular”: las piezas se han colocado en un pequeñísimo espacio detrás de lo que dirías son vallas provisionales, como lienzos de los que se ven desde fuera sus bastidores. Y, para acabar la sensación de provisionalidad, de instalación que se la llevará el viento, frases de Brossa o “a lo Brossa” aparecen escritas en unos caballetes de plástico amarillos, como los que suelen avisar de que un suelo puede resultar resbaladizo, porque acaba de fregarse.
No es una casualidad. Ese es el estilo de algo próximo, popular, buscado para el conjunto, que en algún área contiene alguna pieza más “museística” (el típico poema visual de Brosa, que debe proceder de la colección de la Fundació), pero en general atesora (y está mal empleado el verbo, porque es lo contrario) cosas sencillas, de aparente poco valor material.
Faquires, magos e ilusionistas, payasos y saltimbanquis, y hasta stripteuses, siempre con la nota de la referencia a Brossa, pues ese era su mundo más estimado, van apareciendo evocados por las paredes de esta exposición que te deja en la cabeza la idea de estar asistiendo a algo así como una feria ambulante.
Uno de los ámbitos es el que creo más próximo a quien ha ejercido de comisario del conjunto, Joan Maria Minguet Batllori, el del cine y, sobre todo, el cine mudo. Ahí le he sacado una foto a una magnífica frase, cargada de verdad:
“El cinema ès un art que gairabé ja ho havia dit tot abans de tenir res a dir”.
Como está planificado que la exposición esté ahí, en La Seca, instalada hasta mitad de julio, tiempo habrá de volver a ver todo su contenido área a área, con parsimonia, explicado por quien conoce los entresijos de cada cosa.
La estela del hueco de la escalera, empezando a dar la impresión.
Los lienzos donde se cuelga todo en cada espacio, dejando ver sus bastidores. En el suelo, una de las frases impresas en uno de los caballetes de aviso.
Joan M. Minguet, explicando el área de cine a los que parecen alumnos suyos, que se me habían adelantado, se da cuenta que he ido a fisgonear un poco y me lanza una advertencia.
Vicenç Altaió, antes de cambiar su gorro de cosaco por un sombrero más estival, le iba enseñando la exposición a Jordi Martí (ya anunciada hace poco su nombramiento como número 2 en la lista de Barcelona en Comú para las elecciones) y Joan M. Minguet se les suma un momento. No estuve raudo y la foto que subrepticiamente les saqué con un fraseo de esos amarillo delante me salió mal.
En cada área hay siempre algo que me resulta doblemente familiar. Además del carácter otorgado a la exposición, en esa foto, por ejemplo, aparecen, de derecha a izquierda, Carles Santos (que fue el protagonista de la primera monografía que preparamos en el Cineclub Associació d’Enginyers, allá en 1982), Albert Vidal (de la cuarta, en 1985) y el propio Brossa, de quien sobre todo tengo el divertido y algo surrealista recuerdo de cuando fuimos a entrevistarlo por su relación con Pere Portabella y Carles Santos.
En mi habitación juvenil ocupaban las paredes este cartel de Umbracle, otro más grande del que aparece reducido a la derecha (Cuadecuc)…. y uno más pequeño de Él Cameraman, de Buster Keaton.
A la derecha la cada vez más oportuna frase.
En cada área el visitante puede ir llevándose un pequeño folleto-recuerdo sobre la misma. Me debí olvidar de las dos últimas.

















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