En la Galleria Nazionale dell’Umbria, tras un par de cuadros mas o menos truculentos, cambia el panorama. Se entra en una sala acondicionada solo para el “Polittico di Sant’Antonio”, de Piero de la Francesca. De la impresión, desde luego, de haber entrado en una capilla en la que se le rinde (merecido) culto.
Un detalle de un crucifijo
Y uno entero, dentro de las truculencias.
Para, de repente, en una sala acondicionada solo para él “Polittico di Sant’Antonio”, de Piero de la Francesca. De la impresión, desde luego, de haber entrado en una capilla en la que se le rinde (merecido) culto.







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