Con eso de que iba a estar todo el verano, que hacía tanto calor que no venían ganas y demás, he acudido a La Virreina a ver “John Berger. Permanent red” al ultimísimo momento, aunque he visto que lo han prolongado finalmente una semana (hasta el 22 de octubre).
Es, desde luego, al Berger más combativo al que nos acerca Valentín Roma en la Virreina. Ya en las primeras salas vemos toda la serie de publicaciones marxistas para las que trabajaba, aunque por cuestión de práctica, lejanía y edad no me resulten familiares ni hoy en día las tuviera asociadas a él.
En la tercera sala, un banco invita a sentarse (aunque no es de los cómodos: demasiado cerca de la pantalla y sin respaldo) ante una gran pantalla desde la que Berger, con su pausada pero decidida y muy explicativa voz, nos cuenta entre otras la historia de Orlando Letelier y, a partir de detalles de su relación personal con él, dedicándole un poema, nos lo aproxima extraordinariamente. Luego ensaya otro tanto con Ajmátova. Me levanto para ver la duración del vídeo, de los muchos que hizo para el Channel Four, y veo que es de una hora. Decido dejarlo para otro momento, con más calma.
Veo entonces que en la siguiente sala hay dispuestos por las paredes monitores, todos enfrontados a una butaca, desde la que poder contemplar diferentes capítulos de la famosa serie “Ways of seeing”, luego parcialmente recogidas sus disquisiciones en libro. Decididamente es para acudir y observarlos con calma, dejándose llevar a las reflexiones que provoca. Lo ideal sería -como recuerdo pasó hace unos años- que una plataforma televisiva los ofreciera y pudieras entregarte a ellos, a tu ritmo, en casa.
Paso entonces de largo los otros anzuelos en forma de vídeos (hay, por ejemplo, una larga conversación suya con Susan Sontag que promete…) y me pongo a ver sólo las fotografías, dibujos y textos cortos que hay dispuestos por las paredes, con la idea, de difícil cumplimiento, de volver otro día con tiempo y predisposición.
Porque la exposición es en realidad -lo creo decididamente- esto: una incitación a entrar, y seguir ahí, en John Berger.
El programa de mano (de esos tan buenos que hacen en la Virreina), de la exposición, que está ya agotado y no me he podido llevar a casa, y eso sí que sabe mal. Se podía haber leído mediante un código QR de esos, pero no estoy muy habituado y no lo he hecho. Vas a comparar con el tacto y perfecta distribución de los escritos en el papel…








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