Es “La soupe”, de Honoré Doumier. Lo pongo aquí por cómo habla de ella en sus memorias el cada vez más, a medida que las voy leyendo, sorprendente Michael Powell:
“(En una exposición de dibujos franceses de los siglos XVIII y XIX) vi un dibujo en un rincón: una familia -el padre, la madre, un niño- comiendo sopa. Armados de grandes cucharas, los padres estaban c inclinados sobre sus platos; era difícil decir si la curva de sus espaldas indicaba la gula o el hambre, o si ya estaban de natural curvadas por el trabajo en el campo. Se notaba que se trataba de la comida principal del día. De la ropa de la campesina desbordaba un basto seno, al que se aferraba el bebé. Uno podía imaginar la sopa dlslizándose como una cálida marea desde los platos al interior de los cuerpos. Padre, madre, niño. Tenía la impresión de no haber visto nunca -visto de verdad- nada antes. La vigorosa composición mostraba a los alargados padres, sentados ante la mesa de madera en bancos de madera. Esa sopa, yo la oía, la veía, la sentía, la probaba. El dibujo se llamaba ‘La sopa’ y no habría podido llevar otro título. El artista era Honoré Daumier.”
“Me gustan todos los dibujos y todas las pinturas de Daumier, en particular su autorretrato de pie ante su caballete. Pero nunca me ha gustado tanto un Daumier como ma ha gustado éste a primera vista. He adorado siempre la sopa, y hacerla, y esta maravillosa sopa de Daumier calienta mis entrañas cada vez que pienso en ella.”
“(…) El arte es observación despiadada, simpatía, imaginación, y una facultad de desapego cercana a la crueldad. El arte es ‘La sopa’.”

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