jueves, 4 de julio de 2024

Alfons Flores. L’escenari prodigiós”

Ver la exposición del Centre d’Art Tecla Sala dedicado (hasta el 3 de noviembre) al escenógrafo Alfons Flores en visita comentada por Joan M. Minguet, su comisario, tiene la ventaja de que, aunque es, creo yo, de fácil lectura, recorriéndola a tu aire podías caer en el error de fijarte en dos o tres cosas, salir con la impresión de haber visto una exposición “bonita”, y nada más. Con él a tu lado, además de su lectura ordenada, puedes hacerte cargo de una personalidad -la de Flores-, sus ideas e inquietudes, así como de las dificultades que se han de vencer para montar algo así.
Bajando la rampa de acceso se tiene ya una panorámica global, muy atractiva, del conjunto expuesto (foto 1), mientras una banda sonora operística te hace entrar en ambiente. La vista se ha hecho posible porque han solicitado desmontar el laberinto de paredes interiores que, utilizadas hasta ahora en las muestras anteriores, ocultaba toda la superficie de la planta. ¡Que mejor, además, que ver ahora las columnas de fundición que sostienen todo el edificio de la Tecla Sala!
Ya alcanzado el nivel inferior, lo primero que llama la atención son las cuerdas del peine (o telar) de escenario (foto 2, con Minguet en semi-penumbra), instaladas como elemento escenográfico de la exposición, una exposición que, como suele decir su comisario, como tal es en sí una performance. El peine no ha podido finalmente apenas sostener, subir o bajar, diferentes elementos (luego veremos que algo de lo expuesto sí se infla y desinfla discreta pero radicalmente), por lo que ha de ser el espectador el que establezca la performance a partir de su movimiento a través de los elementos expuestos.
El siguiente elemento con el que te topas, hacia el que se te van los ojos, es la montaña de mierda sobre la que evolucionaban los actores de “Ascensión y caída de la ciudad de Mahagonny” (Foto 3). De lejos parecía una instalación de arte povera de Pistoletto, como ese montón de ropa vieja que casi entierra a una Venus que han instalado ahora en la plaza del Municipio de Nápoles, una vez tapada ya la enorme zanja que hicieron para las eternas obras del metro. Es el único decorado real (del Teatro Real) que se puede ver en la exposición, siendo los demás fieles reproducciones, a partir de sus dibujos y planos.
Otro elemento que destaca sobremanera son los Cristos (foto 4) que cubrían todo el espacio de la “Norma” que La Fura dels Baus montaron en el Liceu y en Londres. Los han tenido que volver a hacer, lo que habla de una exposición de gestación larga. Han colocado sólo lo que recuerda a una enorme corona de espinas, pero se va a la tonelada de peso…
Pero si hay un elemento en verdad icónico en “Alfons Flores. L’escenari prodigiós”, son las copas que pensó Alfons Flores para saturar suelo y aire del escenario en Dusseldorf de L’elisir d’amore (foto 5). Se han tenido que hacer de nuevo pero, como pasaba en la obra, la gente puede pasar entre ellas, moverlas, hasta percusionarlas.
Por las paredes que rodean la gran sala se da cuenta de quién es Alfons Flores y cuál ha sido su evolución. Surgido, junto a su hermano Enric, del Grup D’Acció Teatral (GAC) de L’Hospitalet, en el que daba rienda suelta a su afición por el dibujo y la pintura, relativamente pronto pasó de pintarlo todo a elaborar escenografías, en una época en la que el teatro independiente que estaba surgiendo acabó definitivamente con los tronados decorados que se veían en las obras comerciales.
Obras con Calixto Bieito, Àlex Oller y la Furia dels Baus le llevaron a una primera línea de escenografía, siempre novedosa y arriesgada. Del teatro paso a ser reclamado principalmente por los grandes teatros de ópera. Dice Minguet que ahora sigue encerrado, pensando y trabajando para una nueva escenografía. Le reclaman de todos lados.


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Foto de la escenografía original, en Düsseldorf, para L’Elisir d’amore.

En el centro de la sala, Mar Flores, que ha trabajado en el diseño de la exposición, ha colocado un bosque de monitores, también dando la impresión de caer del peine del escenario, en donde se proyecta un vídeo de Montesando sobre Alfons Flores.



El GAT, de L’Hospitalet, fue uno de los destacados del teatro independiente. Carteles de la colección del mismo Alfons Flores.

Minguet valorando las cualidades de pintor combativo del primer Flores.

Zoom.


Original con el diseño de las máscaras de La Celestina, de Alfonso Sastre.

Y las propias máscaras.



Tras el bosque de monitores, el suelo de porquerías de Mohogonny se ha inflado.



Minguet dando la espalda a Le Grand Macabre, en Bruselas.





 

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