martes, 23 de diciembre de 2025

Albert Bover y Paulina Arnal en el Byron


Las comedias musicales, o simplemente esas películas norteamericanas -digamos de los 50 a los 80- en las que una señora agarra un micrófono y se pone a cantar en inglés de forma interminable con mucho sentimiento, no se han hecho para mí.
La pregunta consecuente sería entonces qué hacía yo anoche yendo al Byron Milano Jazz para oír cantar a una chica muy joven, Paulina Arnal, quien, después de una pieza que fue muy bien recibida por la audiencia, informó al público que era una canción sacada de un musical de Barbra Streisand (el ejemplo de cantante que tengo prohibida por el médico) en que ella estaba impresionante, de forma que no sólo recomendaba, sino que decía imperativamente que debíamos verla.
Y la respuesta que aclara la paradoja es que en la actuación de ayer iba acompañada por Albert Bover, que me había pasado desapercibido por un lapsus de décadas que he pasado olvidando totalmente mi primera afición al jazz, pero que voy notando ahora, y lo de ayer ya fue la confirmación total, que es un pianista enorme, … como un piano.
Albert Bover iba haciendo eso, acompañar al piano a Paulina Arnal (a quien, entre paréntesis, había visto entrando al local y parecía eso, una chica muy joven, vestida con unos pantalones informales que ahora recuerdo como un chándal, pero que cuando empezó la cosa sorprendió de lo lindo apareciendo en ropa interior negra de encaje, como quizás pueda verse en las primeras fotos; en las segundas se verá que se había ya cambiado, apareciendo con un traje verde corto, pero traje, de lentejuelas). Pues eso, acompañaba Bover las actuaciones vocales de Paulina Arnal, dialogando con ella pero contrariándola un poco en su réplica, para así ir avanzando los dos. Pero entre el tramo inicial y el tramo final de canción, dando un respiro a la cantante, aparecía Albert Bover dándose cuerda a sí mismo, evolucionando en ocasiones por caminos complejísimos, volando muy alto, mientras en otras lo hacía por sendas intimistas, de un lirismo bárbaro.
Ha sido un recital corto, que a mi parecer ha ido de menos a más, para acabar con un bis que tenían preparado, de lo más delicado, con el que nos han deseado unas felices navidades.
Acabado todo, parecía que la gente, aunque ya había terminado sus consumiciones, no querían irse, formando corrillos. Todos comentaban lo que les había gustado y lo bien que se habían conjuntado pianista y vocal.
(Con esas luces detrás del escenario, unas potentes y otras de color débiles pero enturbiando a la óptica de mi tableta, las fotos me han salido una porquería, pero pongo alguna porque de alguna forma hay que documentar la cosa)






 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Sebastián Loiacono y Albert Bover

Noche de jazz, ayer, en el Byron Milano, con el saxofonista argentino Sebastián Loiacono y el pianista Albert Bover quien, habiéndolo oído e...