Me gusta porque, por una vez, entiendo sus letras y, fundamentalmente, como me sucedió la primera vez que fuimos (era en el Apolo) a verla cantar, al poco tiempo de sus inicios, me recuerda un montón a su madre y a las hermanas de su madre. Mejor será que no diga de cuántos años atrás estoy hablando.
María Rodés cantaba ayer en el Centre Cultural Urgell, una actuación la de su grupo de las de Barcelona Districte Cultural, que lleva gentilmente (eso quiere decir entradas gratuitas, estar atentos a reservarlas cuando se abre la veda y mucha gente que se queda con las ganas) entre otras cosas la música a los barrios.
Anunciaban que sería un dúo, pero la sorpresa es que, ya prácticamente acabado el ciclo anterior, y publicado su último disco con nueva fórmula -un trío-, supongo que quisieron aprovechar la ocasión como ensayo antes del verdadero estreno, y nos deleitó con canciones nuevas -repitió varias veces que iban de estreno mundial- y antiguas, suyas y versiones de las de otros, pero siempre ella cantando y tocando la guitarra, Isabelle Laudenbach a las cuerdas y un chico -Adrià- que tenia un par de pequeñas cajas en las que parecía tocar como si fueran teclados o haciendo fondos sonoros.
“Es la primera vez que amo de verdad” fue la primera canción interpretada, pasando luego por un cuplé de Sara Montiel -Flor del mal- en el que se la ve caracterizándose “por su eterna tristeza”, aunque cada vez que lo decía yo le distinguía una contagiosa sonrisa en la cara.
La he visto con tendencia a hacer gorgoritos finales -sin acompañamiento de música- de mérito y, cuando para mí ha llegado ya a una cima ha sido con su interpretación de “Pena, penita, pena”, para la que ha hecho acompañarse por el público, ya metiéndoselo en el bolsillo.
Otra con la que convenció fue “Malo”, para la que pidió al público que cantara de forma rencorosa un trozo diciendo que “eres malo, sucio y vago”, y ya veía yo que todo iba viento en popa, tan poco acostumbrado como estoy a un recital de este tipo, cuando por un momento me entró el pánico: en la siguiente pieza, “Te amé”, de la que dijo que era para bailar, y con la que parece que ha intentado sumarse a los vientos musicales que corren, de los que huyo tanto que no sé ni cómo se llaman, con ella hablando entrecortadamente más que cantando, y todo el ritmo ese aterciopelado que se mete pegajoso en la cabeza. Para mí un desastre, esos arreglos.
Pero vamos, la cosa remontó rápido con “El parque” (con el alegre pararapapá del coro del público ya desinhibido y lanzado) y otra con también acompañamiento continuo de palmas como andaluzas del público (aunque no sonaban muy bien por falta de hábito) durante toda la pieza, que da nombre a todo el nuevo disco, “Lo que me pasa”.
Fue divertido ver como, con toda naturalidad, como si estuviera en familia, interrumpió a mitad canción el primer bis, “Me quedo contigo”, porque decía que sentía como un eco, y resulta que era un señor de arriba de todo que le debía haber tomado el gustillo a eso de la participación en otras canciones y reconoció que se había puesto a cantar por dentro o por abajo, ahora no recuerdo como dijo, vamos, como sugería ella que hicieran todos aquellos que no llegaran, esto es, como ya hice yo en “El parque”.
Y acabó, a satisfacción de todo el mundo -el ratio calidad/precio altísimo- con “Fui a buscar al sol” de segundo bis.
Esta foto, con esta imagen en su cara, es de las que ma me lleva a esos recuerdos.





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