Entretenidas las historias que se intuyen en este cuadro de Mantegna, que forma parte de la colección del Isabella Steward Gardner.
La virgen ha ido de excursión desde la ciudad para que su hijo y el que dicen que será San Juan Bautista se desfoguen un poco. Les acompañan nada menos que seis santas, todas distinguibles por el discreto aura que rodea cada una de sus cabezas.
Pero siendo eso ya curioso, como no parece que la reunión, más allá de lo que puedan hacer los niños (que puede llegar a cansar), vaya a ser la alegría de la huerta, lo más chulo, a mi entender, se da por atrás, en ese paisaje bastante de ensueño. Ya se ve a pleno rendimiento a San Cristóbal, pasando gente que no quiere mojarse los pies de un lado a otro del río. Un ermitaño parece haberse acabado de despertar y haber salido de su cueva para ver qué día hace. Más arriba (no lo había visto a simple vista) el bueno del dragón hace otro tanto en lo que me temo que será el último día de su vida, porque por ahí ronda San Jorge con las malas intenciones que sabemos.
¿Y qué será esa escena que se desarrolla más abajo, en el bosque? Todo apunta a un par de desalmados o gente a sueldo a punto de decapitar a un santo. O vete a saber si sólo le estarán tapando su desnudez. Él no parece andar muy derecho.


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